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lunes, 17 de junio de 2019

Cierre de las clases de cante

Ante más de 40 personas, el pasado viernes 14 de junio tuvo lugar, ahora sí, la despedida del curso 2018/19. Estuvo centrada en la gente de las clases de cante, que fueron los grandes protagonistas de la velada. Acompañados por Kaveh Nassehi y por Juan Anguita a la guitarra, nos ofrecieron todo un recital que no se nos olvidará, por los motivos que contaré luego.


Atentos a los palos que hicieron: abrieron Curro y Rafael por bamberas. Beatriz, por farruca. Salvador, por cartageneras. Isabel, por caña que remató por soleá. Gregorio, por farruca, distinta a la que hizo Beatriz. Salvador de nuevo, ahora por alegrías y mirabrás. Vero, Nieves y Beatriz, por alegrías, con coro de los demás. Curro, ahora por mineras. Nieves, por bamberas de Pastora Pavón. Rafael por serranas. Vero, por guajiras. Y para terminar, todos con fandangos cané. Y todos, también quienes escuchábamos, cada vez más a gusto.


Porque le echaron ganas y porque son unos valientes. Obsérvese el repertorio, si no. Pero es que, encima, hubo momentos para vibrar, por ejemplo con la minera de Curro (¡flamenquísimo!), con las guajiras de Vero (¡vaya voz bonita!), con la valentía doble de Salvador en esas cartageneras, con los 94 años de Rafael por serranas… Sí. Rafael tiene 94 años y lleva dos, con este, en las clases de cante. ¡Qué lección de vida y de superación! Y, encima, ¡qué bien cantó! Nunca lo había hecho antes delante de público. ¡Cuánto tendrían que aprender los jóvenes de él! 


Tampoco habían cantado antes, ante la gente, Nieves, Isabel o Gregorio. Y vimos además el progreso de Beatriz, de Curro, de Salvador… Por cierto, el golpe de gracia lo tuvo él cuando, tras las cartageneras, saltó: “Si Chacón levantara la cabeza…”. Echamos de menos a Bea, que no pudo venir por motivos de salud (¡pronta recuperación!).
Lo dicho: hay que felicitarlos, por valientes y por lo bien que lo hicieron; por perseverantes y por tenerlo tan claro. Y por hacer historia en la Peña.


Detrás de todo eso, la cantaora Maite Olivares, que es uno de los baluartes de la Peña. Con su paciencia, su sabiduría, su profundo conocimiento del cante, sus dotes de enseñante y de psicóloga, su carácter, su grandeza, su alegría… Maite es la responsable de este milagro.


Quiero aprovechar para apuntar unas palabras sobre Kaveh, que es otro de nuestros baluartes. Siempre está ahí. Con generosidad. Pero lo que quiero comentar es una verdad sobre el artista: sus melodías son un puñal de belleza. Su guitarra es agua diáfana y diamante que cambia a cada pulso o a cada sugerencia de las cuerdas de color: blanco, rojo, verde, arcoiris…
Belleza cristalina, belleza hecha de sal mineral y de cavernas oscuras en las que brillan estalagmitas azules. Cuando Kaveh toca, asoman gotas de agua milenaria, desde la cueva umbría y silente, que afloran al puro cielo de pronto. Estamos ante un gran artista.
Hay que felicitar también a Juan Anguita, que es un tesoro para la Peña. Enorme aficionado al flamenco, joven y constante, que va para guitarrista de categoría.


Luego vino, cómo no, el ratito, en el que debo confesar que comí muchísimo, porque había mucha y buena comida gracias a la generosidad de la gente que la trajo. Y conversaciones mil, desde sesudas discusiones sobre la situación del mercado del flamenco hasta anécdotas divertidas. Un rato genial, hasta el punto que nos dieron bastante más allá de las doce de la noche. Un rato en el que no faltó, ahora de la forma más espontánea, el cante. Ni la pataíta que se dio Maite, que también es bailaora.


Agradecemos, como siempre, aparte de a los citados, la asistencia valiosísima de la gente que llenó la sala, el apoyo de la Universidad, y la labor de quienes llevaron la infraestructura para que esto fuera posible: Mibri, Paco, Manuel…
Ahora sí, colofón excepcional para un curso excepcional. ¡Y un olé como una catedral para Maite y la gente de las clases de cante!
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

jueves, 28 de marzo de 2019

VIII Jornadas Culturales del Aula Abierta de Mayores de la UPO - Primera sesión

El pasado 25 de marzo la Peña participó en las VIII Jornadas Culturales del Aula Abierta de Mayores de la Universidad Pablo de Olavide, cerrando la sesión de ese día. Estas Jornadas se dedican al tema “Objetivos de desarrollo sostenible: Un análisis desde la perspectiva de las personas mayores”, y el alumnado es gente mayor, admirable, que procedía de Alcalá de Guadaira, Bormujos, Mairena del Alcor, Salteras y Santiponce.


La actividad tuvo lugar en el paraninfo, donde además del alumnado del Aula observamos la presencia de gente joven. Presentó el acto el presidente de la Peña, que habló sobre la misma y explicó algunas cuestiones sobre el flamenco. Después vino lo bueno, con Maite Olivares al cante, La Manmen al baile y David Roldán (2º Premio Talento Flamenco en guitarra de acompañamiento en 2017) a la sonanta. Kaveh Nassehi finalmente no pudo asistir por causas ajenas a su voluntad.


Abrió David con un solo por rondeñas, envolvente y delicado, formidable de técnica y de personalidad. Luego salió Maite, que es la profesora de cante en la Peña, cantando nada menos que por bamberas, lo que no suele hacerse mucho en los escenarios. Dentro de lo clásico, pero con un remate original, con melismas llenos de energía, con riqueza de matices, mostró que es una gran cantaora. Se lució después por cantes mineros: Por minera y por levantica de Encarnación Fernández, estuvo sencillamente espeluznante, como tienen que ser estos cantes.


A continuación, el contraste, con unos tangos extremeños, tan gitanos, que interpretó con extraordinaria gracia y conocimiento (y nos hizo recordar a Juana la del Revuelo, a Camarón…). En los tangos entró La Manmen, para acompañar a las palmas y jalear. Después, para cerrar un repertorio de cante alante exquisitamente elegido, Maite se entonó por fandangos de Huelva. Los inició con una voz de terciopelo que luego se hizo fuerza directa, de la brisa al corazón. Largueza y sentimiento.


El baile de Manmen fue por cantiñas de Cádiz (a la memoria nos trajo Maite, entre otros, al gran Antonio el Chaqueta). Un baile que fue subiendo de tono y de nivel hasta alcanzar la máxima expresión con los desplantes y el sorprendente taconeo, con la expresividad de las manos y del rostro de la bailaora. Terminaron por bulerías de Cádiz, con Maite sin micro y dándose sus pataítas llenas de arte (¡que es también bailaora!). El público pidió más, y allá que fueron por bulerías, todo espontáneo aunque con perfecta coordinación, pues ahí están la maestría y tablas de ambas, y el gran saber hacer de David (atención a él).


Hicieron emocionarse y disfrutar a la gente. Fue una fantástica velada, que queda para los anales de la Peña. Muchas gracias, Maite, Manmen, David. Las hacemos extensivas también a Julia, Teresa y demás responsables de la magnífica institución que es el Aula Abierta de Mayores de la UPO.
Lo próximo, otra actuación en estas mismas Jornadas.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

lunes, 4 de febrero de 2019

ENCUENTRO CON MARÍA VARGAS. IV CICLO "LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO"



Un día desangelado, con lluvia y viento frío. Y María no venía en las mejores condiciones por culpa de unos problemas estomacales. Pero ahí estaba. Doña María Vargas, “Catedrática del cante gitano”, como la nombraron nada menos que en Jerez. Dando la talla, María Vargas, historia viva del flamenco, cordial, sencilla, simpatiquísima. La gente que vale es siempre sencilla en el trato, sin ínfulas. Ahí estaba, elegante, guapa, flamenca. Era ella. La señora María Vargas, con nosotros. Otro milagro. Sí, era un día desangelado. Pero había un ángel (¿qué digo un ángel?, ¡una diosa!) con nosotros.



En la entrevista, conducida por la periodista Ángeles Cruzado y el antropólogo Rafael Cáceres, María hizo apuntes de su vida, siempre digna de ser recordada. Nos habló de su dinastía flamenca, de su niñez cantando y bailando, de su padre, que fue un gran aficionado. De cómo  la empezaron a llamar, desde que la escucharon cantar saetas con 9 años. De aquellas fiestas de la Venta Vargas, de la convivencia de entonces entre los artistas. De La Sallago, Terremoto, Sordera, Gaspar de Utrera, La Perla, Caracol… 



Nos habló de los tablaos de antes, a los que iban verdaderos aficionados y entendidos del flamenco (lo de los turistas fue luego); del baile de antes, sin dar saltos, en una loseta. De los festivales, en los que fue reina. De su vida en Madrid, adonde emigró, como tantos artistas. Del paréntesis que tuvo que hacer en su carrera artística. De los discos y de los cambios en las formas de grabación, más directas antes. De los grandes guitarristas que la acompañaron, como Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Melchor de Marchena, los Moraos…  Nos habló de sus gustos musicales aparte del flamenco, de los jóvenes que están asomando con calidad, de su faceta de letrista. Y de cómo todo lo vivido la hace cantar hoy con más conocimiento. Luego, lo demostró.


Cantó por soleares, por cantiñas, seguiriyas, fandangazos y bulerías. Con la guitarra sabia y sensible, de excepcional sonoridad, de Kaveh Nassehi, aunque también subieron Calixto Lee, para acompañar las cantiñas y las seguiriyas, y el joven Juan Anguita, (¡pedazo de socio de la Peña!) para las bulerías. 



La voz de María es verdad. Dice el cante desde las tripas, lo mueve desde el corazón, se entrega en cuerpo y alma. Hace el cante con todo el cuerpo. Impresionante verdad. Además nos cuenta la historia del flamenco: con ella veíamos a Antonio Mairena, a Manolo Caracol, a La Perla, a su padre, a Juan Talega, a Camarón… Y la salada claridad de Cádiz, el mar gitano de los Puertos… y Jerez. Gloriosa, doña María Vargas. 




Los asistentes, que llenábamos el salón de actos del CABD, hemos tenido el privilegio de escucharla cantar y hablar. Escribo esto dos días después; como ocurre con todo lo bueno, el poso que deja esta experiencia es más rico con el paso de los días. Gracias de corazón, señora María Vargas, por tu arte, tu sabiduría, tu sencillez, tu verdad, tu honestidad, tu cariño, tu generosidad, tu flamencura.



Vino después la fiestecita, en el local de El Entramado, donde tenemos la Peña. María tenía previsto asistir, pero no pudo por los problemas de salud mencionados. La fiestecita siempre completa cada actividad. La generosidad de mucha gente de la Peña permite que en ese rato podamos picar, lo que sienta fenomenal y pone las bases para echar un buen rato. El local está recién reformado, gracias al esfuerzo del Vicerrectorado de Cultura y Compromiso Social y a su área de Extensión Cultural. Como siempre, dos mil temas de conversación en un ambiente relajado y amistoso: desde el local tras la reforma hasta la experiencia del día, pasando por discusiones de profunda flamencología… 


Cuando acabamos con la copiosa comida, salió la guitarra ¡de manos de un niño! Y el cante de Calixto Lee, que es de Taiwán y toca, canta y baila. La cosa se fue animando, y hubo una ronda por tangos en la que no poca gente cantó. También el niño se marcó sus cantes, con Juan a la guitarra, y con muchísimo arte. Debo decir que esto me emociona especialmente. Que en una peña, que suele ser territorio de quienes peinamos canas, haya protagonismo de jóvenes, es una bocanada de aire fresco y de esperanza. Ole y ole por sus padres. 



Enorme alegría fue también el reencuentro con socios como Dani el vasco o Juan de Utrera. Gracias especiales a Manolo de Triana, Paco, Mibri, Kaveh, Ángeles, Rafael, y por supuesto a Christian (becario de Extensión Cultural), que hicieron posible esto, sin olvidar a la gente que trajo comida. Geniales también Elodia, José María, Salvador (¡ole esas flores!), Concha, gente de la Peña de Tomares, de La Fragua de Bellavista, y Estela, Ángeles, Isa, Rocío, las tres Beas, Chari, y hasta Lola, mi prima Maricarmen, mi cuñá Yolanda, y tanta gente cuyos nombres nunca aprenderé. Y gracias, con todas las mayúsculas del mundo, a nuestra querida, por siempre, María Vargas. ¡Estamos deseando verla otra vez!



El próximo en visitarnos, el 8 de marzo, será nada menos que Rubito hijo. Porque el flamenco es muy grande y muy rico.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

sábado, 13 de octubre de 2018

La Peña en el Festival de las Naciones

La segunda actividad externa del curso tuvo lugar el pasado día 10 de octubre, en el Festival de las Naciones.


Por mediación del Vicerrectorado de Relaciones Institucionales, y ante el interés que mostró igualmente la organización del mencionado Festival, estuvimos presentes a las 10 de la noche con un recital a cargo de artistas socios de la Peña: el cantaor Paco Mejías, la bailaora Marta Rodríguez, y el guitarrista Kaveh Nassehi, a quienes se unió el también guitarrista Vahan.


Tuvimos amenaza de lluvia durante todo el dia, y cuando llegamos había poca gente pendiente del escenario. Sim embargo, en cuanto Kaveh y Vahan empezaron a tocar un solo de guitarra por bulerías, la gente empezó a asomarse, y el público y la expectación fueron creciendo.


Tras ellos, Paco se marcó unas tonás muy bien templadas (¡todo un acto de valentía en ese contexto!), con las que se ganó al respetable.


Luego se incorporó el baile de Marta, y nos hicieron disfrutar con números animados, por alegrías y sevillanas, que fueron aplaudidos por el público.





En el Festival de las Naciones que se celebra en Sevilla ha sido todo un acierto incluir unas pinceladas de flamenco clásico como el que estos artistas ofrecieron con brillo.


También es de destacar el trato exquisito que hemos recibido en todo momento por parte de la organización del Festival.


¿Repetiremos? La actuación estuvo muy bien, la gente estaba encantada… y estamos en Sevilla.

Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

lunes, 1 de octubre de 2018

Charla de Fernando C. Ruiz, Presidente de la Peña, en la Fundación Cristina Heeren

El pasado 27 de septiembre tuvo lugar, en el Teatro de la Fundación Cristina Heeren, una charla de Fernando C. Ruiz, presidente de la Peña, con el título “No sólo un arte / Not only an art”. Estuvo dirigida a estudiantes de dicha Fundación, que llenaron el precioso teatro de su local, en la trianera calle Pureza. 

El acto, presentado por el guitarrista Kaveh Nassehi, lo hicimos por el aprecio, la admiración y el cariño que tenemos a la mencionada Fundación, que lleva años sembrando flamenco, luchando por él, extendiéndolo, abriendo caminos; y porque en la Peña, salvando todas las distancias, y en nuestro campo, nos guían los mismos propósitos, siendo una de nuestra líneas, de forma creciente, la colaboración externa.

El tema fue el de las dimensiones histórico-antopológicas del flamenco, y el objetivo, que el alumnado, de múltiples nacionalidades y estudiantes de baile, guitarra y cante, tuviera en cuenta que el flamenco es un arte, pero es algo más, porque es cultura. Un buen artista debe ser muy consciente, en el actual contexto de globalización, de sus dimensiones antropológicas e históricas, muchas de las cuales se señalaron aunque fuera sucintamente. 

La charla fue seguida con gran interés, a juzgar por las expresiones de los asistentes. De hecho, a la finalización de la misma, las intervenciones y preguntas fueron muchas. 

No se informó a los socios y socias de esta actividad, puesto que se organizó exclusivamente para el alumnado de la Fundación. No obstante, con estas líneas queremos dejar constancia de su realización, puesto que es una actividad más en la que proyectamos el flamenco. En esta ocasión, ante una audiencia que lo conoce y que forma parte del mismo, pero que pudo comprobar, a veces con asombro, siempre con gran atención, cómo el flamenco es cultura, y no precisamente una cultura abstracta y desanclada, sino concreta y enraizada.

¡Seguimos creciendo!

Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

lunes, 30 de abril de 2018

Actuación de Alberto López en el CABD


El lugar fue el Salón de Actos del CABD. La asistencia de gente no fue muy alta, pero el ambiente, sin embargo, excepcional, como siempre. El cartel, más que atractivo: el guitarrista Alberto López, presentándonos algunos temas de su reciente disco Detrás de la verdad, y una segunda parte en la que el guitarrista acompañaba al cantaor José Manzano.
No soy entendido en guitarra. Sí entiendo si me gusta mucho, poco o regular. Y esto me entusiasmó. Alberto hizo cuatro temas que están en su disco: por granaínas, por tientos, por tarantas, y por bulerías. Sorprendente, con unos juegos musicales limpios y sutiles, con una riquísima sonoridad. Con cambios melódicos y armónicos prodigiosos. La mano izquierda, sublime; pero vi pronto que la derecha, también. Con un toque a la vez elegante y de una bellísima intensidad.

Alberto derramó sensibilidad, conocimiento y pasión. Conocimiento y pasión unidos, encastrados entre sí. He escuchado a guitarristas con un dominio técnico excelso, pero que me han parecido fríos. Alberto no: sonando preciso y sobrado de técnica, te lastima a la vez. Esa conjunción es rara. La música de Alberto cautiva a cualquier persona que tenga sensibilidad. En clave flamenquísima, directa. Yo me acordé (atención: seguramente voy a decir un disparate, pero es que no soy entendido en guitarra) de Serranito, de Paco de Lucía, de Manolo Sanlúcar, hasta de don Ramón Montoya. Pareciera que Alberto ha incorporado todo ese legado, pero además anda con su propia voz. Escucharlo es tener la oportunidad de pensar con el corazón, de renovar la mirada, de sentir y ensoñar, de crecer.
Cerró esta parte invitando a nuestro amigo Kaveh Nassehi a acompañarle. Kaveh es otro guitarrista de exquisita sensibilidad, sobrado de técnica y de conocimiento, capaz de herirte o de trasladarte a mundos mágicos. Hicieron, con el papel solista de Alberto, un pequeño e intenso homenaje a Paco de Lucía, interpretando su rumba Entre dos aguas.

 
La segunda parte fue con José Manzano al cante. José, simpatiquísimo por cierto, es un consumado cantaor, un fiera en este campo. Tiene un chorro de voz natural, facultades para dar y regalar. Nos hizo tres cantes: alegrías, malagueñas y soleares, con las que recorrió sobre todo estilos de Alcalá. Con esto terminó la cosa. Fuimos testigos de la actuación de un genio de la guitarra y, con él, de un gran cantaor que sabe dominar y templar pero al que, en mi humilde opinión, le faltó entrega y le sobró un punto de egocentrismo, dicho sea con todo el respeto, cariño y reconocimiento del mundo. Ahí ha quedado eso, para felicidad y enriquecimiento de la memoria de los presentes. Muchas gracias, de verdad, a ambos.


Después vino el ratito en la Peña. Me encantó, como siempre, ver a gente que no conocía. Allí estuvieron los dos protagonistas del evento, y gente como Jesús Molina (qué placer, otra vez, hablar con él), Rufino de los Reyes (nuevo amigo de la Peña, desde Castilleja), Bea, Ángeles desde Utrera, Manolo González, Ángeles Cruzado, Paco Rey, Mibri, Paquito Mejías, Kaveh… Hubo hasta alguna cosilla para picar, ¡gracias! Conversaciones sobre cien temas: la actuación del día, el disco maravilloso que ha sacado nuestra amiga Angelita Montoya, el no menos genial de Mari Peña, también querida amiga; se rememoró la presencia maravillosa de Carmelilla Montoya en marzo… Se habló de papeleo, ¡glubs!, tema muy poco flamenco pero que está ahí, de la guitarra…

Pero entre todos los temas, hay uno que quiero resaltar: la importancia, en el campo del flamenco (en el fondo, en todos los ámbitos) de la persona, que es inseparable del artista. Ser una persona íntegra, respetuosa, humilde, con inquietudes, hace mayor aún al artista y no solo a él, sino a todo su entorno. Tenemos la suerte de haber conocido en la Peña a muchísimos artistas con estas condiciones. ¡Qué privilegio!
No acabó ahí la cosa. Fue presentada oficialmente la guitarra de la Peña, recientemente adquirida. Es la que había tocado Kaveh en el escenario junto a Alberto. Alberto la estuvo “probando” y al poco, nuestro amigo Paco Mejías, enorme cantaor, se animó. ¡Vaya delicia! Con el acompañamiento genial de Alberto, Paco hizo una ronda de soleares dulces, sentidas, intensas, emotivas. Y luego por bulerías llenas de lo que tiene que ser, de gracia, desde Jerez hasta cuplés a lo utrerano y lebrijano. Sublime, sencillamente.
Gracias por ser así, Alberto. Gracias, José, por tu arte. Gracias especiales, también, a Kaveh y a Manolo, sin los que esto no hubiera podido ocurrir. Desde luego, a Paco Mejías, por su flamencura maravillosa, a toda la gente antes nombrada, a quienes estuvieron allí.
La próxima, el jueves que viene a las 12:00 en el Paraninfo de la Universidad. Nada menos que Torombo, con el tema ¿Qué puede aportar el flamenco al Trabajo y la Educación Social? Se trata de una actividad académica, aunque está abierta a quien quiera ir. Porque la Peña también aporta en lo académico. Y aviso que no será una charla ni nada parecido, y que están aseguradas las emociones fuertes. Hay que seguir así.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña




viernes, 13 de abril de 2018

Actuación de la Peña en Capitanía General

Suele ocurrir que lo que mal empieza, mal acaba. Y esto empezó mal: los artistas que iban a actuar por parte de la Peña, salvo la bailaora, no pudieron hacerlo, por diversas circunstancias, y faltaban dos días para presentarnos allí. Teníamos el compromiso de una actuación organizada por la Peña en Capitanía. No podíamos fallar, por el buen nombre de la Peña: ni en Capitanía, ni en el más humilde colegio, ni donde fuera. Los compromisos hay que cumplirlos y, además, en nuestro caso, tiene que ser con un sello especial que convierta el acto que sea en memorable; y sé que abuso de esta palabra, pero quiero que la sigamos llevando por bandera en cada evento que organizamos o en el que nos implicamos. 





Corriendo, y gracias a las gestiones de Kaveh Nassehi (este gran guitarrista era una de las ausencias involuntarias), pudimos recomponer el cuadro, nunca mejor dicho. Al final, casi de un día para otro, pudimos contar con al guitarrista Alberto López y el cantaor Juan Villar hijo, que acompañarían a la bailaora Carmen Young.





Este acto nos fue solicitado por el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales de la Universidad Pablo de Olavide, como parte de la colaboración cultural que este Vicerrectorado mantiene con la Cátedra del General Castaños, con sede en Capitanía. Como el nombre y el lugar indican, estamos en territorio militar. Servidor ni siquiera hizo la mili en su día, así que reconozco que iba con cierta reticencia. Bueno, reticencia relativa: tuve un abuelo militar al que no conoció ni mi padre, pues falleció cuando él tenía solo dos o tres años, allá por 1934. Y, sobre todo, conozco a un par de militares, que considero amigos, y que son para quitarse el sombrero. Además, miro a las personas como personas y no como gente que juega un rol. Una cosa, por cierto, muy de la cultura andaluza. Así que, lo dicho: reticencias relativas, que fueron más relativas aún cuando tuve el gusto de conocer al primer anfitrión, el Coronel Galián, Secretario de la mencionada Cátedra, exquisito en el trato, afable, entregado al tema que allí me condujo, cordialísimo. 



Pero vamos al grano. El precioso salón estaba lleno a rebosar, y eso que el día no acompañaba. El acto, que presentó el Coronel Galián, se abrió con una pequeña charla de servidor, bajo el tema “El Flamenco, más vivo que nunca”. Téngase en cuenta que somos una Peña vinculada a la Universidad, y es importante que ese sello lo llevemos siempre. Expuse a los presentes cómo el flamenco, desde sus inicios, ha estado sometido a augurios sobre su próxima desaparición, a manipulaciones ideológicas desde la época romántica hasta la actualidad, incluso a ataques directos, y siempre ha mostrado una enorme capacidad de resiliencia. Por tanto, y de eso se trataba en lo artístico de lo que íbamos a ser testigos, queríamos celebrar esa capacidad, que hace que el flamenco, pese a todo, esté vivo y bien vivo. Mi sensación es que la exposición realizada interesó mucho al público asistente.



Luego vino lo bueno. Abrió Alberto López con un solo de guitarra por tarantas, que ya preparó al auditorio para la magia, envolviendo la sala de un misterio sobrecogedor, de cadencias que emergían de las entrañas de la tierra, y en las que la propia sala parecía participar. Hizo después Juan Villar una toná que enlazó con seguiriyas, para el baile de Carmen Young. Riqueza cautivadora. Sorpresa mayúscula, para un auditorio que sabía, por la presentación, que Carmen es mexicana. Porque será de donde sea, pero es flamenca sin cortapisas. Y, sí, con técnica, pero baila natural. El público así lo captó. 




A continuación, Juan hizo unos tientos, que remató por tangos. Sabrosos, sentidos, salerosos, con una voz curtida y sentida de verdad. Volvió Carmen a escena para bailar por alegrías, con bata de cola, con la que trazó dibujos de hermosura y precisión inusitadas. Si antes cautivó, ahora el bellísimo teatro era el cielo. Terminaron por bulerías, en las que el saber de Juan y la gracia de los tres, para despedirse, pusieron la guinda a una velada inolvidable. 



En definitiva: Carmen nos regaló en su baile estampas sublimes y elegantes, una combinación de delicadeza y de fuerza, unos juegos de pies como pocos. Mexicana de Triana. Juan, clásico, enjundioso, con dominio preciso del compás y de la escena toda. Y Alberto, sencillamente, fue un prodigio de musicalidad. 


Terminada la actuación, los responsables de la Cátedra del General Castaño nos hicieron entrega de un regalo como recuerdo. Y desde luego, lo vamos a recordar. Tuve la suerte de hablar con muchos de los asistentes, y todas las voces eran de admiración sincera ante el derroche de arte flamenco que acababan de vivir. Me consta que hay algún asistente llegado solo por curiosidad, sin una inclinación señalada hacia el flamenco, pero que desde ese día le va a prestar una atención especial. Eso, a mí, me llena de satisfacción y de emoción. 


Quiero agradecer la presencia de varios socios y socias de la Peña. También las gestiones de Kaveh, pues gracias a él esto sucedió, dejando bien alto el nombre de la Peña. Igualmente, la preciosa amabilidad de los responsables de la Cátedra, que supieron hacer, con elegancia y con calor, que tanto los artistas como servidor nos sintiéramos a gusto, lo que constituye desde luego todo un arte. Ole por ellos. 


Pude ver, además, cómo esta institución es realmente un referente en la vida cultural sevillana. Así que, de corazón, los quiero felicitar desde aquí. Como a la Vicerrectora de Relaciones Institucionales, Pilar Rodríguez, responsable también de que estuviéramos allí, pues fue quien nos hizo la propuesta. Y cómo no: agradecimientos y felicitaciones a Carmen, Juan y Alberto, porque han sembrado, y vaya. Fui testigo de ello y lo vi también en el público que asistió, un público que estuvo de diez, en calidad y en cantidad. 


Esta vez no se cumplió el dicho. Porque la cosa empezó mal, al tener que cambiar artistas y programa con mucha premura, pero terminó de tal forma que, en realidad, no terminó, porque abrió puertas, afectos, caminos, expectativas. Lo digo otra vez: en todos los sentidos, memorable.
 Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña