Anabel Valencia inaugura el curso flamenco de la UPO con un recital de raíz, compás y sentimiento
La cantaora de Lebrija protagoniza una noche memorable en la
Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, en un homenaje al medio siglo
de «Persecución», el disco mítico de Juan Peña «El Lebrijano».
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| Anabel Valencia y Curro Vargas |
El pasado 8 de octubre de 2026, la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, levantaba el telón de un nuevo curso, el 2026-2027, con una cita de especial significado. La inauguración se enmarcaba dentro del Circuito Andaluz de Peñas Flamencas y rendía homenaje a una obra fundamental en la historia del flamenco: «Persecución», el mítico disco de Juan Peña «El Lebrijano», que cumple cincuenta años. Una efeméride que nos invitaba a volver la mirada hacia la memoria de nuestro arte, pero también a disfrutarlo en presente, vivo y palpitante, sobre el escenario.
El Circuito Andaluz de Peñas Flamencas es una iniciativa impulsada por el
Instituto Andaluz del Flamenco, la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales
y la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas, a la que
pertenece nuestra Peña.
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| Fco. Gª Rey, dando la bienvenida a los asistentes al acto. |
El acto comenzó con unas palabras de bienvenida y agradecimiento del
presidente de la entidad, que quiso reconocer el respaldo de la Federación,
responsable de hacer posible esta actividad; del Vicerrectorado de Cultura de
la UPO, con una mención especial a su técnica de Extensión Cultural, Daedee,
presente en la sala; y, muy especialmente, del Consejo Social de la
Universidad, cuyo apoyo viene siendo fundamental para el desarrollo de nuestras
iniciativas flamencas. Un respaldo que adquiere un valor añadido cuando se
trata de proyectos destinados a visibilizar y reivindicar el papel de la
mujer en el mundo del flamenco, una tarea en la que nuestra Peña mantiene
un compromiso firme.
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| Francisco Gª Rey, Anabel Valencia y Curro Vargas |
Y qué mejor manera de comenzar el curso que con una artista de la categoría de Anabel Valencia, cantaora gitana de Lebrija y amiga de esta casa, a la que ya hemos tenido el privilegio de recibir en otras ocasiones. Llegó acompañada por su primo, el guitarrista Curro Vargas, que también nos ha acompañado en varias ocasiones, dispuesta a compartir con nosotros una tarde de cante y entrega. Anabel ya había protagonizado, en mayo de 2019, una de las actividades de nuestro IV Ciclo «Las Mujeres como Transmisoras del Flamenco». Han pasado más de siete años, pero su regreso volvió a poner de manifiesto la estrecha relación que une a esta artista con nuestra Peña.
Anabel pertenece a una familia de profundas raíces flamencas. Es nieta de
Mondego, reconocido artista; sobrina de Manuel de Paula; hija de Ana Vargas,
«La Remolina», y hermana de Juan Diego Valencia, destacado palmero y maestro
del compás, muy solicitado por grandes figuras del flamenco. Un entorno
familiar y artístico que ayuda a comprender la naturalidad con la que Anabel se
mueve por los distintos registros del cante.
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| Anabel Valencia, durante el recital. |
Su tierra, Lebrija, es también una de las claves de su
personalidad artística. De esta localidad han llegado hasta nuestra Peña
nombres imprescindibles como Inés Bacán, Pedro Peña y Pepa Vargas, madre de la
cantaora Esperanza Fernández y esposa de Curro Fernández. Pepa fue, además,
protagonista del libro Memoria de una mujer flamenca, escrito por el
anterior presidente de nuestra entidad, Fernando Carlos Ruiz Morales, junto a
Rafael Cáceres. También es hermana de Concha Vargas, reconocida bailaora y
madre del guitarrista que acompañaba a Anabel en esta ocasión.
No es casualidad, por tanto, que Anabel Valencia haya defendido siempre
la identidad territorial del flamenco y, de manera muy especial, la de su
Lebrija natal. Su trayectoria sobre los escenarios comenzó a tomar impulso en
2008, cuando participó por primera vez en la Caracolá Lebrijana. Desde entonces
ha ido consolidando su presencia en el panorama flamenco, con actuaciones en
distintas ediciones de la Bienal de Flamenco de Sevilla, entre ellas las de
2014 y 2018, en las que recibió excelentes críticas de la prensa especializada.
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| Anabel Valencia y Curro Vargas durante el recital. |
Un recital con el sello inconfundible
de Lebrija
Y llegó el momento de la verdad: el encuentro entre la artista, la
guitarra y el público. Anabel abrió el recital por Tientos,
recreándose en ese aire pausado, cadencioso y profundo que tan bien identifica
el gusto de su tierra. Desde los primeros compases quedó claro que no venía a
cumplir con un repertorio, sino a entregarse al cante y a compartirlo sin
reservas.
Uno de los momentos más singulares llegó con las Galeras,
un cante poco habitual en los recitales de las peñas y que despierta opiniones
diversas entre los aficionados. Para unos constituye un palo con personalidad
propia; otros mantienen abierto el debate sobre su consideración. Más allá de
la controversia, su presencia en el repertorio aportó un interés especial a la
actuación y permitió disfrutar de una propuesta menos frecuente sobre los
escenarios.
Las Malagueñas llegaron
después, interpretadas con el gusto, la delicadeza y la exquisitez que
caracterizan a la cantaora.
A continuación, la Seguiriya
puso sobre la mesa la hondura del cante, ese territorio donde la voz se desnuda
y el sentimiento adquiere toda su dimensión. En Anabel afloraron entonces la
fuerza de su raíz gitana y el perfume inconfundible de su tierra.
El recital continuó por Tangos,
con ese compás tan propio de Lebrija. Fue aquí donde se produjo una de las
estampas más espontáneas y flamencas de la noche. El calor que reinaba en la
sala llevó a Anabel a echar mano de un abanico, que terminó convirtiéndose en
un aliado expresivo de su interpretación. Lo manejó con gracia, compás y una
naturalidad extraordinaria, acompasando cada movimiento a la guitarra de Curro
Vargas. La escena dejó imágenes de gran belleza: una cantaora disfrutando del
cante, jugando con el ritmo y haciendo de un gesto cotidiano una expresión más
de su arte.
El broche llegó por Bulerías, con el inconfundible
sabor lebrijano. Porque Lebrija tiene su manera de marcar el compás, de
respirar el ritmo y de recrear este palo festero. Anabel lo conoce, lo siente y
lo transmite desde dentro, sin artificios, con esa personalidad que convierte
cada interpretación en una afirmación de identidad.
Fue un recital redondo, de los que dejan huella. La respuesta del público
no pudo ser más elocuente: una prolongada ovación, con los asistentes puestos
en pie durante varios minutos, puso el punto final a una actuación que colmó
las expectativas de quienes se acercaron a la Universidad para disfrutar de una
de las voces destacadas del flamenco actual.
La tertulia, ese otro escenario de la
convivencia flamenca
Tras el recital, artistas, socios y amigos nos trasladamos al local de nuestra Peña para celebrar la tradicional recepción. Allí, con una cerveza en la mano y algunas viandas sobre la mesa, llegó ese otro momento que forma parte esencial de nuestra manera de vivir el flamenco: la conversación sin prisas, el comentario sobre los cantes, el intercambio de impresiones y el reencuentro entre compañeros después del paréntesis veraniego.
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La tertulia se prolongó entre saludos, recuerdos y felicitaciones. Anabel
y Curro compartieron también ese rato con nosotros, demostrando que la grandeza
de los artistas no se mide únicamente sobre el escenario. Su cercanía, su
generosidad y su disposición para conversar confirmaron la impresión que nos
había dejado el recital: estábamos ante dos grandes artistas y, además, ante
dos personas extraordinarias.
Desde estas líneas quiero agradecer a todos los asistentes su presencia y
su apoyo a nuestra Peña. Mi reconocimiento más sincero a Anabel Valencia y a
Curro Vargas por el arte, la entrega y la generosidad con que nos regalaron
esta actuación. No se guardaron nada: lo dejaron todo sobre el escenario y nos
hicieron partícipes de una noche que permanecerá en nuestra memoria.
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| Paco Gª Rey, Manuel González, Isa G., Anabel, Ángeles y Curro |
Quiero expresar también mi agradecimiento a mis compañeros Manuel
González y Salvador Arjona, por el trabajo, la dedicación y el esfuerzo
desplegados en la producción y organización de esta actividad.
Así comenzamos el curso 2026-2027: con el recuerdo de una obra
fundamental como Persecución, con el cante de una artista que lleva a
Lebrija en la voz y en el corazón, y con la satisfacción de volver a reunir a
nuestra familia flamenca en torno al arte y la convivencia.
Porque una Peña no es solamente un lugar donde se escucha flamenco. Es
también un espacio donde se comparte, se aprende, se recuerda y se mantiene
viva una forma de sentir. Y noches como esta nos recuerdan por qué merece la
pena seguir trabajando por nuestro arte.
Nos emplazamos ya para la próxima cita, que llegará muy
pronto.
Francisco García Rey
Presidente de la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de
Olavide .
GALERÍA DE IMÁGENES:

















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