domingo, 26 de marzo de 2017

Rosi "la Divi" en la peña flamenca


Rosi, la Divi, acompañada a la guitarra por Kaveh Nassehi, nos ofrecieron momentos de auténtico gozo. Ante una sala abarrotada en la que ya no cabían más sillas y con gente de pie, empezaron por malagueñas. El remate, por verdiales, subió en intensidad, que fue la tónica de la actuación. Siguieron unas riquísimas bamberas, incluyendo variantes melódicas que habían hecho los maestros Pedro Peña, José Menese y Miguel Vargas. Por tientos, la Divi desplegó una amplia gama con pasión, con dramatismo, con pellizco. Los remató por tangos, ya con Patri Lozano acompañando a las palmas. Ahí sonaron Cádiz y Triana, la Niña de los Peines, el maestro Paco Taranto… pero con la gran personalidad de la Divi, sobrada además de compás. A resaltar también el acompañamiento creativo y flamenquísimo de Kaveh. Intensidad emotiva. Si todo lo anterior fue de amplia gama, no lo fueron menos las cantiñas que nos obsequiaron a continuación. Torrente de voz pero también matices, a veces con un roce con el que la cantaora nos llega. Mirabrás, alegrías, cantiña del contrabandista,… Y en el mensaje, la Perla de Cádiz, la Mejorana, Luisa Butrón,… Tras esto, bulerías por soleá, en las que la Divi volvió a hacer gala de conocimiento, de sensibilidad y de espléndida intensidad. Por ahí asomó de forma especial Rosalía de Triana. Parece que la Divi sabía de la especial dedicación que estamos teniendo al papel de las mujeres en el flamenco, pero juro que no le habíamos dicho nada.
A petición del respetable, tuvo que hacer un cante más: eligió una ronda preciosa de fandangos naturales, aplaudidos a rabiar. A propuesta de Patri, otro obsequio más: por bulerías, acompañados por gente que “subió al escenario”. Cantó, junto a la Divi, Patri, y hubo pataítas llenas de gracia, de buen humor, de alegría. Todo eso destilaron la Divi y sus acompañantes.
Nunca la había escuchado antes, y la sorpresa ha sido mucho más que grata: es una cantaora como la copa de un pino. Otro privilegio.

Lo único negativo fue que no supimos encender los focos y hubo de hacerse con la luz normal de las lámparas de la sala. Habrá que estar al quite la próxima vez.

Patricia Lozano, Rosi "la Divi" y Kaveh Nassehi







Después de esta gozada, el disfrute continuó con la comensalía. Porque la gente trajo cosas de picar, y con eso y las bebidas… El ambiente fue, otra vez, una delicia. Nos acompañaron la Divi y Patri, además. Entre los temas que se hablaban: el flamenco en la educación y entre los jóvenes, cosas hechas y que se están haciendo en la Peña, la guitarra, el taller que está impartiendo nuestro bailaor Torombo, la tortilla de patatas de Maribel (¡ole!), la actuación divina que habíamos presenciado (¡ole y ole!), lo que habrá el 20 de abril con el gran guitarrista Paco Fernández, las mujeres en el flamenco…
Por supuesto, salieron más cosas. Así, la propuesta que hizo un nuevo amigo, Juan Manuel Galán, de preparar algo, ya para el curso próximo, sobre el vino y el flamenco, idea preciosa que sin duda habrá que ver, porque merece la pena. Y hubo su poquito de cante y de guitarra.
Quiero resaltar algunas cosas bellas más. Primero, no solo la gran actuación que habíamos disfrutado, sino también la simpatía, cordialidad y sencillez de la Divi y de Patri. Vaya, y de la gente presente: Sherman, Chari, Manolo González (¡qué elegante amabilidad!), Emilio, Salvador, Consuelo, Isa, Juan el extremeño, Juan el utrerano, Concha, Ángeles, Beatriz, Rocío, Bea, Dani,otra Beatriz (¡aquí lo bueno abunda!), más gente que no nombro por no excederme, y más gente que no nombro porque no sé sus nombres, no pocas de ellas visitándonos por primera vez. Y quien viene una vez, suele repetir. … Otra cosa bella: algunos niños allí. Impresionante la hija de Dani, que no perdió puntá de la actuación. ¡Eso es educar, Dani, ole tú! Otra: la heterogeneidad en la gente, en edades, procedencia, preferencias y experiencias flamencas,… Y nuevas amistades. Otra cosa bella más: la guitarra de Kaveh, que es un prodigio de musicalidad, cada vez más grande, cada vez más sorprendente, que tiene su propio discurso y que, como le dé por explotar, la va a liar.Y otra más: la Divi, Patri, y además el pedazo de cantaor Paco Mejías, que ya había estado otra vez con nosotros, se hicieron socios de la Peña. ¡Bienvenidos! ¡Y vaya densidad de artistas que vamos teniendo!

Paco Mejías
Y una subjetividad más, dicha sin ánimo de ofender y con toda modestia: ya hay una proporción alta de jóvenes en las actividades de la Peña. Sin embargo, sigue siendo asignatura pendiente la presencia de más estudiantes de la universidad. Aquí hay algo que decir: la reciente reforma universitaria, hecha para que los estudiantes aprendan menos y entrenen más la disponibilidad y la obediencia,no les deja tiempo libre. Y las condiciones sociales no les dejan libertad, porque el poco tiempo de ocio que les queda parece que debe dedicarse a un hedonismo superficial y evasivo. En positivo, la esperanza en su inteligencia, pese a los escollos académicos y sociales. No digo que les tenga que gustar el flamenco, faltaría más. Pero sí que lo puedan conocer o experimentar, descubrirlo en suma (porque sigue siendo muy desconocido), y opciones hay para ello. Hay que seguir trabajando esa línea, como siempre, sin prisas, sin alharacas, y poco a poco. Lo merece, porque es luchar por nuestra cultura.
Gracias a todos, y especiales a los artistas, a los nuevos socios/as, a José Manuel Mibri que lo hizo posible, y a los apoyos desde la Universidad.
La próxima, el miércoles 29 a las 16:30 en el Paraninfo, en un acto del Aula Abierta de Mayores (aunque seguro que no se cerrarán las puertas a nadie), donde servidor aburrirá al personal hablando sobre el flamenco como cosa impura, y luego vendrá lo bueno, con la actuación de una representación de artistas socios de la Peña: Laura Marchal al cante, Kaveh a la guitarra, y alumnado de Torombo (también estará él) al baile.
Y el 20 de abril, como queda dicho, una sesión muy especial: un encuentro con Paco Fernández, que traerá su documental “Buscando mis raíces” que nos hará disfrutar, aprender, pensar, y debatir. Y que traerá también su guitarra y su pasión…
¡Esto marcha!
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente
José Manuel Mibri
Secretario

domingo, 19 de marzo de 2017

Encuentro con...ROSI “LA DIVI”

ROSI “LA DIVI”
Resultado de imagen de rosi la divi

Guitarra KAVEH NASSEHI 
Palmas y jaleos PATRICIA LOZANO


Viernes 24 de marzo a las 19 horas.

Lugar: Espacio Cultural El Entramado, junto a la parada del Metro en la Universidad Pablo de Olavide

Entrada libre hasta completar aforo

jueves, 16 de marzo de 2017

ENCUENTRO CON CARMEN LEDESMA. II CICLO "LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO"





Era la despedida “oficial” del Ciclo sobre las mujeres en el flamenco. Digo “oficial” porque habrá más eventos, este curso.
Era también la primera vez que venía, en este Ciclo, una bailaora. Cuando hablamos para esto con una artista, hemos buscado siempre que fuera no solo excepcional artísticamente, sino además del máximo interés por su experiencia, vivencias, personalidad, significación,… Está feo decirlo, pero vaya tino que tenemos. Carmen Ledesma, nada menos.

                         
Con ella, José Méndez al cante, y nuestro queridísimo Antonio Moya a la guitarra. Empezaron ambos por alegrías, con lo que no solo prepararon excelentemente el terreno, sino que además hicieron descubrir a más de uno la voz flamenquísima y bien templada del jerezano, que remató con poderío y garra. De compás, además, toda una lección de ambos. 



Carmen Ledesma, José Méndez y Antonio Moya

Luego llegó ella. Por soleares jondas, jondísimas, que remató por bulerías. Nada más alzar los brazos desde su silla, despacio, con garbo, diciendo verdad, empezó el misterio. La expresión facial, la estampa, el compás. Carmen hizo una cosa muy difícil, que pocas veces se ve, salvo en ella: la unión del temperamento y la gracia, de la fuerza y la dulzura. Creo que es su sello.

Después, por tientos y tangos, en los que hubo un recuerdo para esa mujer excepcional que fue la Niña de los Peines. Bailó distinto a antes, pero siempre con ese sentido dramático y esa rara conjunción. Ahora añadió, cuando entraron en los tangos, ese humor y esa picardía inigualables, un puro goce para todos los privilegiados que estábamos allí. 



Y para culminar, sorpresa por bulerías: llamó al escenario a tres alumnas suyas, japonesas. Y a dos sobrinos. Ellos se sumaron con las palmas y con un cante, y cada una de ellas se marcó un baile, con la batuta cantaora de José (mucho Jerez ahí, y un recuerdo a otra grande, su tía, la Paquera). Y muy, muy bien. Cada una, además, con un estilo distinto, con sus propias maneras. También Carmen bailó. ¡Qué alegría, qué buen humor, qué delicia, qué energía tan buena nos llevamos!
El baile de Carmen es una síntesis entre la poética elegancia de Matilde Coral y la rabia de Trini España (esto último lo dijo ella; yo, ignorante de baile, me había acordado de la gran Manuela Carrasco). Dos palabras quiero resaltar. La primera, que es real. Ella estaba allí, con su arte, de verdad. Baila natural, baila como ella es. Y esto es impagable. La segunda, que es bellísima. Una belleza integral, absoluta, que transmite desde el alma con todo el cuerpo. Un cuerpo que contradice los superficiales cánones de lo atlético, lo plano, lo joven, lo aéreo. Habla flamenco y el flamenco se expresa, con todo su dolor y turbación, con toda su alegría y jocosidad, a través de su cuerpo. De nuevo, una experiencia inolvidable gracias a una de las más grandes, no solo de hoy, sino de siempre, porque Carmen construye y proyecta, desde la tierra, alas para la emoción y para la memoria.

Esto es lo que vimos, asombrados. 





Después vino la entrevista. Tuvimos que alterar el orden porque José tenía un compromiso por el que debía marcharse antes de la finalización de la actividad. La realizó nuestra admirada amiga la periodista y estudiosa del papel de las mujeres en el flamenco (y en el cine, y en la literatura,…) Ángeles Cruzado. Después de esa actuación, sinceramente, yo temía que el contraste con la entrevista fuera demasiado extremo. No fue así, porque la entrevista fue genial. En ella, Carmen evocó el apoyo de su madre en sus comienzos, la casa de vecinos donde vivió (¡qué semillero de flamenco fueron los patios de vecinos!), las viejas cigarreras que conoció allí, los tablaos y otros escenarios, el papel de las mujeres en el flamenco y los cambios que ha vivido en esto,… No lo resumiré, claro, pero sí quiero resaltar un par de cosas. Primero, cómo reconocía la importancia de lo que le han aportado otros artistas: desde Pepe Ríos con la enseñanza, hasta compañeros como Trini España, Concha Vargas, Mario Maya, Antonio Gades, Curro Vélez, incluso en el cante, como Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, o Inés Bacán. Palabras especiales tuvo para Pedro Bacán (que no solo fue un grandísimo artista, sino una persona de una bondad inagotable). Demostró una humildad excepcional. La humildad es, precisamente, un valor que tenemos en la Peña como referencia incontestable, porque es la base para el crecimiento. Y porque significa reconocimiento hacia los demás. Y eso es básico en el flamenco. Otra cosa de Carmen, y que también coincide con nuestros principios: el cariño hacia lo que haces. Si amas lo que haces, lo vas a hacer mejor y con más felicidad, y eso también es básico en el flamenco: echarle a las cosas su tiempo, y ponerles algo de ti mismo. Otra más: sí a la técnica, pero acompañada por la trascendencia, la raíz, y sabiendo escuchar el cante. De hecho, por ejemplo, a sus alumnas extranjeras les exige saber español en nuestra modalidad andaluza, porque considera, con toda la razón, que no se puede bailar bien sin saber escuchar y entender el cante. Más sobre su alumnado: dice Carmen que “tú eres su madre en esos momentos”. Pues eso, ni más ni menos.
Carmen Ledesma y Ángeles Cruzado


Foto de LebrijaFlamenca.com (Araceli Pardal)



Después vino la fiestecita en la Peña, a la que nos acompañaron Carmen y Antonio. Por allí estaba parte del maravilloso sector lebrijano: Inés Bacán, su hermano Juan, Araceli Pardal (ya guardada su oportunísima, estética y sabia cámara de fotos), Pedro Carrasco. También, por fin, el sector utrerano, al menos parte de él: otra alegría. Por supuesto, el también imprescindible sector alcalereño. Y el de la propia Pablo de Olavide, del Instituto de la Grasa, y gente que yo no conocía, lo que siempre me alegra porque la gente es bienvenida. También un grupo de japonesas, incluidas nuestras bailaoras; y familiares de Carmen, y hasta de servidor. Ole. El rato, de cháchara animada, acompañada de las viandas que trajo la gente. Con alegría y conversaciones mil. Eso sí: empecé cien conversaciones y no terminé ninguna. Entre otros temas: la necesidad de que accedan más gitanos a la Universidad (hablé con un nuevo alumno gitano de la Olavide, ¡ole por él y por sus padres!), cosas de investigación, la feria de Utrera, el espejo que por fin tiene la sala de las clases de baile, las próximas actividades de la Peña, la mili en Ceuta de Manolo, lo rica que estaba esa tortilla o ese bizcocho, proyectos de la gente, el futuro homenaje a Pedro Bacán, el que le hicieron hace poco a nuestro querido Curro Fernández,… Con mucha gente apenas pude cruzar palabra, y bien que hubiera querido. ¡No se puede estar en todo!

Cuando quedábamos los últimos, cogió Antonio Moya su guitarra, y nuestro amigo Manuel Requelo se lanzó a cantar. Vaya dos flamencos de postín. Requelo, con la voz mejor que antes, porque ha dejado de fumar, y la flamencura de siempre. Antonio, un maestro, sobrado de compás, de ecos, de sabiduría y de sentido, como unas horas antes en el escenario. El colofón fue inmejorable. Por allí andaba Mercedes, la mujer de Requelo, elegantísima. Y Dani, Maribel, Isa, Juan, Beatriz,… un grupillo de irreductibles apasionados. 
Inés Bacán, Fernando C. Ruiz y Carmen Ledesma




Gracias muy especiales a Manuel García Burgos, que fue a comprar las cosas para la fiesta por dos veces, y montó el local; por él fue posible. A José Manuel, siempre atento a toda la infraestructura, tanto en la actividad como en la fiesta posterior. También desde la sombra, imprescindible. A Ángeles Cruzado, por su excepcional participación. Por cierto, otra alegría y más crecimiento en calidad: esta ya es su peña. A Inés Bacán por la categoría y enjundia que dio a todo con su presencia. A Pedro Carrasco, que estuvo grabando la actuación y la entrevista para disfrute y aprendizaje de los muchísimos amigos de Lebrija Flamenca. A Kaveh y Sherman, que hicieron lo mismo para la Peña. A Yuko y las demás japonesas, que redoblan nuestras ilusiones. Por supuesto, a todas las personas que hicieron de la jornada algo grande. Y cómo no, al Vicerrectorado de Cultura de la Pablo de Olavide, a su Unidad de Cultura, al Instituto Andaluz del Flamenco, al Consejo Social de nuestra Universidad, y al Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD), cuyo salón de actos nos tiene enamorados porque es ideal para el flamenco: cabe gente y se está en familia a la vez, y permite además que no tengan que usarse micros. También agradecer la simpatía, colaboración y competencia de la conserje. Y absolutamente a toda la gente que estuvo y que le dio su fundamento a todo. Es que así, da gusto.
Y, ante todo, a Carmen Ledesma, que lo culminó como se merecía. Sin olvidar a quienes la han precedido para hacerlo todo inolvidable: Carmen Linares e Inés Bacán. También a quienes las acompañaron con tanto arte: Antonio Moya y José Méndez; Eduardo Pacheco; y Pedro María Peña. Y a quienes, con no menos arte, las supieron entrevistar; que también es un arte, y nada fácil: Ángeles Cruzado, Rafael Cáceres, y Bea Macías.
El Ciclo “Mujeres transmisoras de Flamenco” de este curso terminó (esta peña adapta su programación flamenca a la duración del curso académico). Pero quedan más cosas y sorpresas. En cuanto a la idea del Ciclo, creo que no será su fin. Por lo que estamos viendo, merece tener continuidad en ediciones posteriores.

Fernando C. Ruiz Morales
Presidente
José Manuel Mibri
Secretario

lunes, 13 de marzo de 2017

Flamenco, trabajo social y educación


Esta vez, se trató de una cosa académica. Es precisamente una de las dimensiones que venimos trabajando en esta Peña. En esta ocasión, organizó la actividad, junto a nosotros, la coordinación de la asignatura La Cultura en Andalucía como Contexto para el Trabajo Social, que lleva nuestro compañero (es socio de la Peña) el profesor Agustín Coca, a quien agradecemos su esfuerzo. El tema genérico fue qué puede aportar el flamenco al Trabajo Social y la Educación Social, y específicamente, en un barrio marginado como, en este caso, el Torrejón, en Huelva. El ponente, Joaquín Martín, la persona más cualificada por experiencia, tenacidad, planteamientos, conocimiento, actitud, y capacidad para escuchar.
Se trató de una actividad dirigida al alumnado de Trabajo Social y del Doble Grado de Educación Social-Trabajo Social. Empezó la cosa con mal bajío. Resulta que el Paraninfo estaba ocupado. Un error en la cadena de reserva de espacios, que seguro que no volverá a ocurrir, porque de todo se aprende. Tuvimos que trasladarnos a un aula grande, con capacidad para 130 personas. Pero allí fue imposible, porque había 200 asistentes. O nuevo traslado, o nos perdíamos el acto. Gracias a la mediación de uno de los responsables de espacios, pudimos por fin hacerlo en el aula más grande, con capacidad para 190 personas. Pero esos impedimentos se quedaron en anecdóticos, ante la exposición de Joaquín. Por cierto, nuestra amiga la enorme cantaora y bailaora Maite Olivares, con su gran interés por los temas educativos y sociales, nos honró con su presencia. ¡Gracias, Maite!



Lógicamente, no la vamos a resumir. Pero sí queremos incidir en un par de ideas, de las muchas y muy buenas que salieron, completamente necesarias para una intervención social en condiciones:
· Desprenderse de todo prejuicio etnocéntrico, androcéntrico y de cualquier tipo.
· En relación con lo anterior, y dando un paso más, no ir con fórmulas preestablecidas. Por el contrario, hay que sumergirse en la realidad, dispuestos a entender a fondo la voz, los códigos, los valores, los problemas, las alternativas, de esas personas.
· Otra, siguiente paso a partir de lo anterior: intervenir desde las pautas culturales del propio grupo.
Y ahí ha entrado el flamenco en su práctica como educador de calle. Los resultados, lentos pero completamente positivos; las luchas, por todos los frentes. Sobre todo eso y más pudimos aprender. Para los estudiantes, la actividad estuvo llena de ideas, de amplitud de miras, y estimuló el interés por el trabajo bien hecho, desde la práctica de Joaquín y su forma directa y clara de comunicar. Otra cuestión, muy importante: fue llamando a las cosas por su nombre, lo que no suele hacerse.

Gracias, Joaquín. Los asistentes pudimos crecer. Y otra cosa, no menos importante que lo anterior: ¡seguimos en contacto contigo!

jueves, 9 de marzo de 2017

Flamenco y Trabajo Social, viernes 10 de marzo

¿QUÉ PUEDE APORTAR EL FLAMENCO AL TRABAJO SOCIAL Y LA EDUCACIÓN SOCIAL?


El flamenco como herramienta de intervención en barrios con problemas especiales

Charla coloquio con
QUINI MARTÍN
Educador  


Viernes 10 de marzo a las 12 horas

Lugar: Paraninfo de la Universidad Pablo de Olavide

jueves, 2 de marzo de 2017

La peña en los colegios



Una de las líneas de la Peña es la difusión y promoción del flamenco en ámbitos educativos. Así, la semana en que se celebraba el Día de Andalucía hemos realizado este tipo de actividades en dos centros educativos. Uno ha sido el CEIP Doña Rosa Fernández, de Gelves, donde ante 130 niños de 5º y 6º de Primaria estuvieron Maite Olivares y Kaveh Nassehi, acompañados de Fernando C. Ruiz, profesor de la UPO. Los dos artistas explicaron a los niños, de forma práctica y participativa, los ritmos del flamenco. A esa actividad corresponden ambas fotos.

Por otro lado, en el IES Fidiana, de Córdoba, estuvieron el propio Kaveh y Rafael Cáceres. Hablaron sobre el flamenco como patrimonio cultural de Andalucía, que expusieron de forma ilustrada. El interés del alumnado ante el tema fue sorprendente, y todo un estímulo para seguir.
Agradecer a ambos centros educativos esa sensibilidad ante un asunto que, desde luego, debería estar mucho más presente en las aulas de todas nuestras escuelas e institutos. Que cunda el ejemplo.
Por tanto, dos actividades más de la Peña, en una línea enormemente fecunda en la que, poco a poco como siempre, merece la pena que vayamos entrando. Consideramos la educación como clave para la extensión de esta faceta tan importante de nuestra cultura.


domingo, 19 de febrero de 2017

ENCUENTRO CON CARMEN LINARES. II CICLO "LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO"





CARMEN LINARES EN LA PEÑA FLAMENCA DE LA UPO

El acto tuvo lugar en el salón de actos del CABD. Estaba a rebosar, hasta el punto que hubo gente que estuvo de pie. Gente de todas las edades: gente veterana, de mediana edad, jóvenes, incluso algunos niños (felicito a los padres: ¡eso es educar!). Y gente variopinta. De eso se trata. Como siempre, no hay que mirar la cantidad sino la calidad. Pero es que había de las dos cosas.





Se inició con la entrevista a la artista, que llevaron Bea Macías y Rafa Cáceres, profesores de la UPO y socios de la Peña. Con ellos, habló Carmen del arte, de las mujeres y los hombres, de su experiencia, su obra, los sentimientos, la expresión, el compromiso político en el arte, letras y poetas, tradición e innovación… En referencia a su obra es obligado señalar que a finales del pasado mes de enero, Carmen ha presentado en Madrid (Price) su último trabajo, Verso a verso, con poemas de Miguel Hernández.

En definitiva, pudimos disfrutar y aprender su punto de vista sobre estas cuestiones y algunas más. Con buen humor, con enjundia, y relajadamente, como tiene que ser. De todo ello, resaltaría el cariño con el que habló del flamenco y de su gente. Y la importancia de dotar de la propia personalidad cada estilo que se cante. Ella misma es un ejemplo espléndido de esto. 






Luego vino la actuación. Abrió por cantiñas, de las que hizo varias, desde el mirabrás hasta cantiñas del Chaqueta o el juguetillo de Rosa la del Colorao. Primera lección magistral. Siguió por soleares, que dedicó a la maravillosa cantaora Inés Bacán (ella abrió este ciclo de las mujeres en el flamenco, allá por diciembre), presente entre el público. Una serie de cantes donde resonaron, siempre bajo el sello personal de Carmen, los ecos de grandes del flamenco más clásico, como la Serneta o la Andonda. Grandiosa. Tras esto, se metió por tarantas, de las que nos dio una muestra formidable: los oyentes estábamos religiosamente embelesados. Hizo a continuación unos sabrosísimos tientos. Y para rematar, por bulerías, también muy personales, con letra de Juan Ramón Jiménez. Su voz, llena de matices; con esos ecos de gracia y estremecimiento telúrico a la vez, de fuente quebrada, alas y tierra. Eso es flamenco: esa conmoción de lo diverso. El flamenco no es gritar, sino decir, y vaya lección dio: aroma y jondura, quejío y corazón, “parar, templar y mandar” como dijo Belmonte sobre el toreo; colores que hieren, ecos que llegan de lejos pero son nuevos porque ahí estaba ella, delante de nosotros, creando verdad. Gracias por siempre, Carmen.
Y otra cosa, una gran sorpresa: la guitarra de su hijo, Eduardo Pacheco. Según avanzaba el maravilloso recital, la guitarra fue creciendo, alcanzando momentos francamente sublimes. Y con una compenetración que parecía que hubieran ensayado muchísimo, pero no es así: de hecho, Carmen fue decidiendo sobre la marcha los palos que iban a hacer. ¡Viva la flamencura! La compenetración iba, pues, más allá del ensayo. Junto a la divina cantaora disfrutamos de un guitarrista como la copa de un pino, y es aún joven. De tal palo…  Atención a Eduardo.
Para los que tuvimos la suerte de estar allí, la grandeza de Carmen Linares fue (tomo prestada la expresión del subtítulo de un disco del maestro Diego Clavel) un “sueño cumplío”.













Luego vino la fiesta, ya en el local donde tenemos la Peña. Con viandas que la gente trajo (¡ole!). Carmen tenía que volver a Madrid, de modo que no nos acompañó, aunque a cambio la acribillamos, a la salida, a base de fotos. ¡Qué paciencia tuvo! ¡Y qué simpatía, qué buen carácter, qué sencillez! Como todos los grandes, Carmen es, ante todo, humana, humilde. O sea: flamenca de verdad.




Un apunte sobre la fiesta, que conviene testimoniar todo. El local, lleno de gente. Gente con una actitud preciosa. Había unas chicas japonesas que estaban encantadas, como alucinadas. Socios/as y amistades diversas, incluso suegros había por allí (¡ole!). Conversaciones animadas por doquier. Allí estaba Inés Bacan, que vino con la periodista Araceli Pardal, que realiza un espléndido trabajo por el flamenco en “Lebrija Flamenca” (http://www.lebrijaflamenca.com/2017/02/carmen-linares-la-cultura-es-un-alimento-para-el-alma/ ), socios magníficos de toda guisa, gente que se conoció por primera vez, y, por supuesto, salieron cosas. Por ejemplo, una colaboración con el Centro Cultural La Campeona, de Las Letanías, en el Polígono Sur, para la celebración del Día de Andalucía, a la que se brindaron dos socios de la parte artística: la cantaora Maite Olivares, y Sebastián a la guitarra; o una exposición de las extraordinarias fotos de Araceli sobre el flamenco lebrijano. Por allí andaban Salvador y Consuelo, María José (que concretó con Inés la visita de esta al colegio San José Obrero, eso es difundir el flamenco) y Manolo, Kurro, Concha, Beatriz, Curro y su señora, Rocío, Manolo y María, Frasco, Alberto y Ana, otro Salvador, Juan Bacán, Kaveh y Sherman, Antonio y Paqui,…  Un montón de gente buena, cuyos nombres ignoro o no recuerdo (normal). Varias amigas se hicieron socias (¡bienvenidas, Pilar, Inma, Lola, María, no sé si alguien más!). Por allí estaban también destacados directivos de la Federación Provincial de peñas flamencas, que nos honraron con su presencia aunque no estemos federados. Y, sorpresa, Ángeles Cruzado, que lleva el genial y documentadísimo blog “Flamencas por derecho” (http://www.flamencasporderecho.com/), del que desde luego somos fans y cuya consulta también aconsejamos fehacientemente. No pudieron quedarse a la fiesta la Vicerrectora de Cultura, ni el Secretario del Consejo Social de la UPO, que también nos habían honrado asistiendo a la actividad en el salón de actos.
Con la cháchara y cervecita en mano, no puedo contar mucho más. Eso sí: después de un buen rato, cuando ya se habían marchado algunos asistentes, escucho una voz muy aguda cantando por fandangos. ¡Era una de las japonesas! ¡Oooole! El día de Inés, estuvo cantando una chica alemana (ahora sé que se llama Anjanita, y que tiene un blog; ¡saludos desde aquí!), y ahora se lanza la japonesa. ¿Pero qué pasa aquí? Ole por ambas. Pero claro, esto despertó las ganas de uno de los asistentes, que nos visitaba por primera vez: por cantiñas, por fandangos, y por soleares, se explayó y nos deslumbró, con las guitarras de Kaveh y de Paco Rey. Resulta que es Paco Mejías, cantaor (http://www.pakitomejias.com/). Con ellos, maravillosos, culminó esta jornada inolvidable de la que saco, sobre todo, la certeza de que la Peña no solo está consolidada (primer objetivo cuando la retomamos en su día un grupo de locos), sino que está creciendo en todos los sentidos: por la calidad de sus actividades (un principio central), por la de su gente (es la base), por el buen ambiente que hay en cada encuentro (lógico, con esa gente), por la maravillosa heterogeneidad del personal, porque todo el mundo aporta dentro de sus posibilidades, por la suerte de dar con artistas enormes y con conciencia, porque nos están conociendo en cada vez más círculos (por cierto que en Canal Sur dieron esa noche la noticia del acto),… Sin embargo, este “éxito” (es que además, la gente salió, otra vez, encantada) no debe despistarnos de nuestros principios: poquito a poco, despacito, con humildad, con cariño, con ganas de aprender y de compartir. Todo esto, justo es decirlo, es posible también por el apoyo de la propia Universidad Pablo de Olavide a través del Vicerrectorado de Cultura y Compromiso Social, del Consejo Social de la misma, del Instituto Andaluz del Flamenco. Gracias a todos ellos. Y a los participantes. Y a la gente de la Peña que no pudo venir por coincidencia de horarios (¡ay, esas flamenquísimas bailaoras de Utrera!). Y, poniendo nombres propios, al trabajo invisible que hicieron Paco Rey, José Manuel Mibri (puestos a citar blogs de interés, tampoco tiene desperdicio el suyo: “Alcalá Flamenca”, http://mibri-alcalaflamenca.blogspot.com.es/), Manolo García, Kaveh, Rafa, Bea, y la gente de la Unidad de Cultura de la UPO. Por todos ellos fue posible la magia: pusieron, cada cual según los casos, la infraestructura, el enlace con Carmen, su presencia en escena, y gran parte de la información de la actividad.
Otro pasito más, y superlativo. Que me hace acordarme de los anteriores: Inés, y Jesús Heredia (tela marinera), y esos sabios onubenses Manuel Romero, Casto Márquez, José María de Lepe, Regina, José Manuel Canelo y Juan Nicolás. Por no remontarme a los cursos anteriores. Pero están en la memoria. Sin los pasos dados gracias a ellos (y siempre, la base: la gente), este no hubiera sido posible.












La próxima del ciclo será Carmen Ledesma. En el mismo sitio. El escenario es pequeño. Pero igual que el cante no se grita sino que se dice, el baile no necesita de grandes desplazamientos en un escenario enorme, sino de un cachito de suelo. Las esencias, como Carmen Linares nos demostró, no necesitan aditamentos. Todo lo contrario.


¡Esto marcha!


Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

José Manuel Mibri
Secretario