Esta
vez, se trató de una cosa académica. Es precisamente una de las dimensiones que
venimos trabajando en esta Peña. En esta ocasión, organizó la actividad, junto
a nosotros, la coordinación de la asignatura La Cultura en Andalucía como
Contexto para el Trabajo Social, que lleva nuestro compañero (es socio de la
Peña) el profesor Agustín Coca, a quien agradecemos su esfuerzo. El tema
genérico fue qué puede aportar el flamenco al Trabajo Social y la Educación
Social, y específicamente, en un barrio marginado como, en este caso, el
Torrejón, en Huelva. El ponente, Joaquín Martín, la persona más cualificada por
experiencia, tenacidad, planteamientos, conocimiento, actitud, y capacidad para
escuchar.
Se
trató de una actividad dirigida al alumnado de Trabajo Social y del Doble Grado
de Educación Social-Trabajo Social. Empezó la cosa con mal bajío. Resulta que el Paraninfo estaba ocupado. Un error en la
cadena de reserva de espacios, que seguro que no volverá a ocurrir, porque de
todo se aprende. Tuvimos que trasladarnos a un aula grande, con capacidad para
130 personas. Pero allí fue imposible, porque había 200 asistentes. O nuevo
traslado, o nos perdíamos el acto. Gracias a la mediación de uno de los
responsables de espacios, pudimos por fin hacerlo en el aula más grande, con
capacidad para 190 personas. Pero esos impedimentos se quedaron en anecdóticos,
ante la exposición de Joaquín. Por cierto, nuestra amiga la enorme cantaora y
bailaora Maite Olivares, con su gran interés por los temas educativos y
sociales, nos honró con su presencia. ¡Gracias, Maite!
Lógicamente,
no la vamos a resumir. Pero sí queremos incidir en un par de ideas, de las muchas
y muy buenas que salieron, completamente necesarias para una intervención
social en condiciones:
·
Desprenderse de todo prejuicio etnocéntrico, androcéntrico y de cualquier tipo.
·
En relación con lo anterior, y dando un paso más, no ir con fórmulas
preestablecidas. Por el contrario, hay que sumergirse en la realidad,
dispuestos a entender a fondo la voz, los códigos, los valores, los problemas,
las alternativas, de esas personas.
·
Otra, siguiente paso a partir de lo anterior: intervenir desde las pautas
culturales del propio grupo.
Y
ahí ha entrado el flamenco en su práctica como educador de calle. Los
resultados, lentos pero completamente positivos; las luchas, por todos los
frentes. Sobre todo eso y más pudimos aprender. Para los estudiantes, la
actividad estuvo llena de ideas, de amplitud de miras, y estimuló el interés por
el trabajo bien hecho, desde la práctica de Joaquín y su forma directa y clara
de comunicar. Otra cuestión, muy importante: fue llamando a las cosas por su
nombre, lo que no suele hacerse.
Gracias,
Joaquín. Los asistentes pudimos crecer. Y otra cosa, no menos importante que lo
anterior: ¡seguimos en contacto contigo!


