lunes, 30 de abril de 2018

Actuación de Alberto López en el CABD


El lugar fue el Salón de Actos del CABD. La asistencia de gente no fue muy alta, pero el ambiente, sin embargo, excepcional, como siempre. El cartel, más que atractivo: el guitarrista Alberto López, presentándonos algunos temas de su reciente disco Detrás de la verdad, y una segunda parte en la que el guitarrista acompañaba al cantaor José Manzano.
No soy entendido en guitarra. Sí entiendo si me gusta mucho, poco o regular. Y esto me entusiasmó. Alberto hizo cuatro temas que están en su disco: por granaínas, por tientos, por tarantas, y por bulerías. Sorprendente, con unos juegos musicales limpios y sutiles, con una riquísima sonoridad. Con cambios melódicos y armónicos prodigiosos. La mano izquierda, sublime; pero vi pronto que la derecha, también. Con un toque a la vez elegante y de una bellísima intensidad.

Alberto derramó sensibilidad, conocimiento y pasión. Conocimiento y pasión unidos, encastrados entre sí. He escuchado a guitarristas con un dominio técnico excelso, pero que me han parecido fríos. Alberto no: sonando preciso y sobrado de técnica, te lastima a la vez. Esa conjunción es rara. La música de Alberto cautiva a cualquier persona que tenga sensibilidad. En clave flamenquísima, directa. Yo me acordé (atención: seguramente voy a decir un disparate, pero es que no soy entendido en guitarra) de Serranito, de Paco de Lucía, de Manolo Sanlúcar, hasta de don Ramón Montoya. Pareciera que Alberto ha incorporado todo ese legado, pero además anda con su propia voz. Escucharlo es tener la oportunidad de pensar con el corazón, de renovar la mirada, de sentir y ensoñar, de crecer.
Cerró esta parte invitando a nuestro amigo Kaveh Nassehi a acompañarle. Kaveh es otro guitarrista de exquisita sensibilidad, sobrado de técnica y de conocimiento, capaz de herirte o de trasladarte a mundos mágicos. Hicieron, con el papel solista de Alberto, un pequeño e intenso homenaje a Paco de Lucía, interpretando su rumba Entre dos aguas.

 
La segunda parte fue con José Manzano al cante. José, simpatiquísimo por cierto, es un consumado cantaor, un fiera en este campo. Tiene un chorro de voz natural, facultades para dar y regalar. Nos hizo tres cantes: alegrías, malagueñas y soleares, con las que recorrió sobre todo estilos de Alcalá. Con esto terminó la cosa. Fuimos testigos de la actuación de un genio de la guitarra y, con él, de un gran cantaor que sabe dominar y templar pero al que, en mi humilde opinión, le faltó entrega y le sobró un punto de egocentrismo, dicho sea con todo el respeto, cariño y reconocimiento del mundo. Ahí ha quedado eso, para felicidad y enriquecimiento de la memoria de los presentes. Muchas gracias, de verdad, a ambos.


Después vino el ratito en la Peña. Me encantó, como siempre, ver a gente que no conocía. Allí estuvieron los dos protagonistas del evento, y gente como Jesús Molina (qué placer, otra vez, hablar con él), Rufino de los Reyes (nuevo amigo de la Peña, desde Castilleja), Bea, Ángeles desde Utrera, Manolo González, Ángeles Cruzado, Paco Rey, Mibri, Paquito Mejías, Kaveh… Hubo hasta alguna cosilla para picar, ¡gracias! Conversaciones sobre cien temas: la actuación del día, el disco maravilloso que ha sacado nuestra amiga Angelita Montoya, el no menos genial de Mari Peña, también querida amiga; se rememoró la presencia maravillosa de Carmelilla Montoya en marzo… Se habló de papeleo, ¡glubs!, tema muy poco flamenco pero que está ahí, de la guitarra…

Pero entre todos los temas, hay uno que quiero resaltar: la importancia, en el campo del flamenco (en el fondo, en todos los ámbitos) de la persona, que es inseparable del artista. Ser una persona íntegra, respetuosa, humilde, con inquietudes, hace mayor aún al artista y no solo a él, sino a todo su entorno. Tenemos la suerte de haber conocido en la Peña a muchísimos artistas con estas condiciones. ¡Qué privilegio!
No acabó ahí la cosa. Fue presentada oficialmente la guitarra de la Peña, recientemente adquirida. Es la que había tocado Kaveh en el escenario junto a Alberto. Alberto la estuvo “probando” y al poco, nuestro amigo Paco Mejías, enorme cantaor, se animó. ¡Vaya delicia! Con el acompañamiento genial de Alberto, Paco hizo una ronda de soleares dulces, sentidas, intensas, emotivas. Y luego por bulerías llenas de lo que tiene que ser, de gracia, desde Jerez hasta cuplés a lo utrerano y lebrijano. Sublime, sencillamente.
Gracias por ser así, Alberto. Gracias, José, por tu arte. Gracias especiales, también, a Kaveh y a Manolo, sin los que esto no hubiera podido ocurrir. Desde luego, a Paco Mejías, por su flamencura maravillosa, a toda la gente antes nombrada, a quienes estuvieron allí.
La próxima, el jueves que viene a las 12:00 en el Paraninfo de la Universidad. Nada menos que Torombo, con el tema ¿Qué puede aportar el flamenco al Trabajo y la Educación Social? Se trata de una actividad académica, aunque está abierta a quien quiera ir. Porque la Peña también aporta en lo académico. Y aviso que no será una charla ni nada parecido, y que están aseguradas las emociones fuertes. Hay que seguir así.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña




viernes, 13 de abril de 2018

Actuación de la Peña en Capitanía General

Suele ocurrir que lo que mal empieza, mal acaba. Y esto empezó mal: los artistas que iban a actuar por parte de la Peña, salvo la bailaora, no pudieron hacerlo, por diversas circunstancias, y faltaban dos días para presentarnos allí. Teníamos el compromiso de una actuación organizada por la Peña en Capitanía. No podíamos fallar, por el buen nombre de la Peña: ni en Capitanía, ni en el más humilde colegio, ni donde fuera. Los compromisos hay que cumplirlos y, además, en nuestro caso, tiene que ser con un sello especial que convierta el acto que sea en memorable; y sé que abuso de esta palabra, pero quiero que la sigamos llevando por bandera en cada evento que organizamos o en el que nos implicamos. 





Corriendo, y gracias a las gestiones de Kaveh Nassehi (este gran guitarrista era una de las ausencias involuntarias), pudimos recomponer el cuadro, nunca mejor dicho. Al final, casi de un día para otro, pudimos contar con al guitarrista Alberto López y el cantaor Juan Villar hijo, que acompañarían a la bailaora Carmen Young.





Este acto nos fue solicitado por el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales de la Universidad Pablo de Olavide, como parte de la colaboración cultural que este Vicerrectorado mantiene con la Cátedra del General Castaños, con sede en Capitanía. Como el nombre y el lugar indican, estamos en territorio militar. Servidor ni siquiera hizo la mili en su día, así que reconozco que iba con cierta reticencia. Bueno, reticencia relativa: tuve un abuelo militar al que no conoció ni mi padre, pues falleció cuando él tenía solo dos o tres años, allá por 1934. Y, sobre todo, conozco a un par de militares, que considero amigos, y que son para quitarse el sombrero. Además, miro a las personas como personas y no como gente que juega un rol. Una cosa, por cierto, muy de la cultura andaluza. Así que, lo dicho: reticencias relativas, que fueron más relativas aún cuando tuve el gusto de conocer al primer anfitrión, el Coronel Galián, Secretario de la mencionada Cátedra, exquisito en el trato, afable, entregado al tema que allí me condujo, cordialísimo. 



Pero vamos al grano. El precioso salón estaba lleno a rebosar, y eso que el día no acompañaba. El acto, que presentó el Coronel Galián, se abrió con una pequeña charla de servidor, bajo el tema “El Flamenco, más vivo que nunca”. Téngase en cuenta que somos una Peña vinculada a la Universidad, y es importante que ese sello lo llevemos siempre. Expuse a los presentes cómo el flamenco, desde sus inicios, ha estado sometido a augurios sobre su próxima desaparición, a manipulaciones ideológicas desde la época romántica hasta la actualidad, incluso a ataques directos, y siempre ha mostrado una enorme capacidad de resiliencia. Por tanto, y de eso se trataba en lo artístico de lo que íbamos a ser testigos, queríamos celebrar esa capacidad, que hace que el flamenco, pese a todo, esté vivo y bien vivo. Mi sensación es que la exposición realizada interesó mucho al público asistente.



Luego vino lo bueno. Abrió Alberto López con un solo de guitarra por tarantas, que ya preparó al auditorio para la magia, envolviendo la sala de un misterio sobrecogedor, de cadencias que emergían de las entrañas de la tierra, y en las que la propia sala parecía participar. Hizo después Juan Villar una toná que enlazó con seguiriyas, para el baile de Carmen Young. Riqueza cautivadora. Sorpresa mayúscula, para un auditorio que sabía, por la presentación, que Carmen es mexicana. Porque será de donde sea, pero es flamenca sin cortapisas. Y, sí, con técnica, pero baila natural. El público así lo captó. 




A continuación, Juan hizo unos tientos, que remató por tangos. Sabrosos, sentidos, salerosos, con una voz curtida y sentida de verdad. Volvió Carmen a escena para bailar por alegrías, con bata de cola, con la que trazó dibujos de hermosura y precisión inusitadas. Si antes cautivó, ahora el bellísimo teatro era el cielo. Terminaron por bulerías, en las que el saber de Juan y la gracia de los tres, para despedirse, pusieron la guinda a una velada inolvidable. 



En definitiva: Carmen nos regaló en su baile estampas sublimes y elegantes, una combinación de delicadeza y de fuerza, unos juegos de pies como pocos. Mexicana de Triana. Juan, clásico, enjundioso, con dominio preciso del compás y de la escena toda. Y Alberto, sencillamente, fue un prodigio de musicalidad. 


Terminada la actuación, los responsables de la Cátedra del General Castaño nos hicieron entrega de un regalo como recuerdo. Y desde luego, lo vamos a recordar. Tuve la suerte de hablar con muchos de los asistentes, y todas las voces eran de admiración sincera ante el derroche de arte flamenco que acababan de vivir. Me consta que hay algún asistente llegado solo por curiosidad, sin una inclinación señalada hacia el flamenco, pero que desde ese día le va a prestar una atención especial. Eso, a mí, me llena de satisfacción y de emoción. 


Quiero agradecer la presencia de varios socios y socias de la Peña. También las gestiones de Kaveh, pues gracias a él esto sucedió, dejando bien alto el nombre de la Peña. Igualmente, la preciosa amabilidad de los responsables de la Cátedra, que supieron hacer, con elegancia y con calor, que tanto los artistas como servidor nos sintiéramos a gusto, lo que constituye desde luego todo un arte. Ole por ellos. 


Pude ver, además, cómo esta institución es realmente un referente en la vida cultural sevillana. Así que, de corazón, los quiero felicitar desde aquí. Como a la Vicerrectora de Relaciones Institucionales, Pilar Rodríguez, responsable también de que estuviéramos allí, pues fue quien nos hizo la propuesta. Y cómo no: agradecimientos y felicitaciones a Carmen, Juan y Alberto, porque han sembrado, y vaya. Fui testigo de ello y lo vi también en el público que asistió, un público que estuvo de diez, en calidad y en cantidad. 


Esta vez no se cumplió el dicho. Porque la cosa empezó mal, al tener que cambiar artistas y programa con mucha premura, pero terminó de tal forma que, en realidad, no terminó, porque abrió puertas, afectos, caminos, expectativas. Lo digo otra vez: en todos los sentidos, memorable.
 Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

martes, 20 de marzo de 2018

ENCUENTRO CON CARMELILLA MONTOYA. III CICLO "LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO"



La palabra es VERDAD. En un Ciclo sobre las mujeres en el flamenco tenía que haber más de una de la casa de los Montoya. Ya nos acompañaron en su día Angelita Montoya y Alba Molina. Esta vez fue Carmelilla. ¡Y, vaya! 





El salón de actos del CABD estaba lleno hasta la bandera, completo. Tenemos como principio en esta Peña no medir las actividades por la cantidad de público sino por la calidad de los invitados y del propio público asistente. Lo que pasa es que esta vez hubo calidad y cantidad. Entre los asistentes, alumnado de la Fundación Cristina Heeren, artistas, socios y socias, gente aficionada que ya había venido alguna vez antes, gente que se acercaba por primera vez… 




Primero, como solemos hacer, fue la entrevista. Bueno, en realidad, la conversación con ella. Esta vez corrió a cargo de servidor, y puedo decir que me resultó una delicia hablar con Carmelilla Montoya: fue relajado, ameno y enriquecedor. 






Carmelilla tuvo un discurso natural, directo, que emocionó a los asistentes y arrancó en ellos varios aplausos. Nos habló de su infancia y de la casa de los Montoya, de su formación, de lo que es el flamenco para ella… Una gozada, y enormemente instructiva. Resaltaría todo, pero quiero remarcar su orgullo como mujer y su reivindicación, con contundente naturalidad, de la mujer y de su valía como tal. 




Además, todo lo contó desbordando elegancia. Muy flamenca. Muy andaluza. Muy gitana. Los asistentes estuvieron encantados escuchándola, hasta el punto de que se abrió un turno de preguntas e intervenciones del respetable que resultó muy participativo, y casi hubo que interrumpirlo para no salirnos del tiempo previsto. A todos nos pareció corta la duración de la entrevista: verdad a raudales.





Luego vino el baile y el cante. Acompañaron a Carmelilla Juan José Amador al cante, El Perla y Lucas de Jerez a la guitarra, y Javi Teruel a la percusión. Si la entrevista resultó verdad natural, asistíamos entonces a una verdad sublime. Por soleá y soleá por bulerías, Carmelilla nos turbó con sus gestos llenos de emoción, con su juego de pies, con sus brazos que dibujaban colores. Bestial. 




Luego, un descanso del baile, para disfrute del oído con la voz sabia de Juan José Amador. Las tonás por compás de bulería por soleá, sorprendentes. Nos llegó, nos hirió. A todos los asistentes. Tras esto, volvió Carmelilla al baile. Por bulerías, uno de sus sellos. Nos regaló un baile lleno de simpatía, de goce, de tensión, potente, el puro espíritu de las bulerías. Grande, grande. 




Definitivamente, nos cautivaron. Sobrados de compás, lo dieron todo. Sí: todo fue verdad. Carmelilla, Juan José y El Perla tienen muchas tablas y no necesitan demostrar nada a nadie, porque tienen un reconocimiento bien merecido. Pero es que se entregaron. Pusieron el corazón. Por eso son tan grandes. Igual que Lucas y Javi, gratísimas sorpresas para un servidor, pues estuvieron sublimes. 



Sabía que Carmelilla es muy buena. Pero es que sorprende cada vez. Como sorprende el sentido escénico de Juan José Amador, su forma de acompañar el baile, de meter el pie, de vibrar; la poderosa guitarra de El Perla, que nos evoca la fiesta eterna; la de Lucas de Jerez, llena de luz; y la percusión vital de Javier Teruel. Memorable.




Tras la maravilla, vino el ratito en El Entramado, donde tenemos la Peña. Primero: la generosidad de la gente que trajo comida. Allí había tortillas de patatas, chistorras con puré de patatas (¡riquísimas!), ensaladilla, empanadas, chacinas… ¡Cómo se agradece todo eso! Porque ese ratito no es la guinda del pastel, sino una parte fundamental de cada actividad. Nos acompañaron, además, los artistas, así como algunas personas que venían con ellos. Y ahí se habla. Es ahora una dimensión más íntima. 





Para mí es una alegría, en esas ocasiones, ver caras conocidas, y es una alegría ver caras nuevas. Ahí ves, otra vez, que los artistas son personas, y un artista flamenco de envergadura es una persona de envergadura. Ves a la gente de la Peña y a quienes les acompañan. Lo artístico se completa con la relación social. Así el círculo es completo. 



Para mí, uno de los momentos mejores fue el placer de conversar con Jesús Molina, acompañante de Carmelilla y hermano del grandísimo, queridísimo y llorado Manuel (el de Lole y Manuel). Y con Ángeles de Utrera, con Isa, con Kaveh, con Ángeles de Sevilla, con José Manuel, con Bea y la otra Bea (¡viva las doctoras flamencas!), con Dani, con María, con Manolo…

Casi al final, Paquito Mejías se lanzó a cantar, con lo que la cosa se completaba. ¡Ole, Paco! Eso sí: ¡no había una guitarra! Por cierto, el vestíbulo del edificio se nos queda pequeño, pues con el frío, el patio casi no se pisa. Ganas hay ya de que venga el buen tiempo, después de estos días benditos de lluvias.




Una cosita: nombré antes la Fundación Cristina Heeren. Lo que esta Fundación hace por el flamenco es espectacular. Lo siembra, lo enseña, lo divulga, lo crea, lo defiende a capa y espada, lo proyecta… Es impresionante, y deberíamos mimar a esta Fundación, que está haciendo una labor imprescindible en torno al flamenco.



Agradecemos a todos los asistentes su presencia, y de forma muy especial a Kaveh, Ángeles, Paco, Manolo, Dani, la gente que trajo comida (¡viva Utrera y Alcalá y Montequinto y Sevilla!)… 

Y una conclusión: mucha gente, después de la actuación, preguntaba qué era lo próximo. La gente salió queriendo más. Creo que es la mejor muestra de los frutos de la verdad que sembraron Carmelilla, Juan José, El Perla, Lucas y Javi. Gracias muy especiales a ellos, que han honrado a la Peña y cuya entrega nos ha llenado de orgullo. ¡Ole y ole! Ha sido un cierre del Ciclo para poner en un lugar privilegiado de nuestra memoria. Gracias de corazón. Porque nos habéis hecho no sólo disfrutar y aprender, sino crecer como personas. 
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

martes, 27 de febrero de 2018

Proyección del documental "El sentir desde afuera" y visita de sus protagonistas

Llegan los artistas, una hora antes del inicio de la sesión, para probar sonido y demás. Presentan el documental El sentir desde afuera, dirigido por Konstantina Bousmpoura. Konstantina, que además es antropóloga, ha venido. También Antonio Rodrigo, director de fotografía, que hizo el montaje. Ese documental viene con el aval del primer premio en el Certamen de Creación de Sevilla en 2009, con el premio al mejor documental del III Festival Internacional de Cortos del Aljarafe, y algún galardón más.


Estoy yo solo para recibirlos. Sorpresa: vienen con una energía que no es normal. Y con guitarras y cajón. Aunque el plan “oficial”, al menos así entendí, era el documental, y luego el coloquio. Son ocho o nueve personas. Les digo que una actividad en la que hay un documental y se habla no es plato del gusto de los aficionados al flamenco. Que habrá poca gente. Les da igual el número de personas, y siguen derrochando energía. Se acomodan, prueban imagen y sonido, se hacen con el espacio, y se van a tomar un café. Me quedo solo en el local. Falta media hora. Pasan los minutos. Me empiezo a agobiar. No hay nadie.




Un documental y un coloquio no son cosas que suelan atraer al público: la actividad no es un espectáculo propiamente. Encima, para colmo, sus protagonistas no son artistas “famosos”, al menos aquí. Peor aún: más de la mitad son extranjeros, es decir, impostores, en el imaginario nacional-españolista que sigue funcionando. A las 18:40 sigue sin llegar nadie, ¡ha sido un error programar esta actividad! Ellos continuaban con su café; y yo, allí solo, compungido.



Cuando por fin veo a Manolo García, se me abre el cielo. Luego empieza a llegar alguna gente más, toda ella conocida. A las 19:10 estamos doce o quince “espectadores”. Pido disculpas a los artistas por la escasa presencia de público. Ellos le quitan toda carga negativa a eso, pues les parecen más importantes otras cuestiones.



Y empieza la cosa. El documental nos muestra el flamenco callejero que decidió hacer, hace 10 años, un grupo de locos en busca de un espacio alternativo en el que mostrar su arte, en plena zona de la catedral de Sevilla: la bailaora italiana Danila Scarlino, la bailaora taiwanesa Tsing-Ling (Ana), el guitarrista catalán Sergi Gómez, el guitarrista bretón Steven Fougères, la cantaora andaluza Laura Madero, el cantaor andaluz Juan Antonio Sodi, el cantaor israelí Yehuda Schveiky (Shuki), y el percusionista andaluz Nacho Romero. Salvo Ana, que no ha venido por estar preparando su próxima intervención en el Festival de Jerez, todos los demás estaban con nosotros. El documental es precioso y estimulante, y plantea cuestiones de enorme interés: desde la pasión e implicación en el flamenco de gente extranjera, hasta la reivindicación del espacio público, como lugar que debe ser apropiado por la gente.




Tras ello, el coloquio, en un ambiente distendido, cara a cara. Salen cuestiones como las trayectorias que los componentes del grupo han tenido desde 2008. La mayoría no residen ya en Sevilla. Cuentan cómo les llegó el flamenco y la afición, los pasos que dieron, cómo idearon ese “tablao en la calle”, las reacciones de la gente… Se discute cómo aquí el flamenco en la calle se identifica con “pedir”, se habla sobre lo callejero como escuela de flamenco y sobre cómo en Buenos Aires, por ejemplo, se baila tango en la calle y no se estigmatiza; se habla también sobre la actual persecución de la vida en la vía pública por parte de las autoridades, sobre la afición al flamenco fuera de España…



El coloquio merecía seguir, pero venían dispuestos a actuar. Así que se marcaron unos fandangos, una ronda de tangos, y otra de soleá y bulerías. A gusto, con un entendimiento excelente entre ellos (aunque hacía 10 años que no se veían todos). Con goce. Un goce que supieron transmitir a la audiencia. Con poderío. Danila baila con temperamento y sabe comunicar su pasión. Si me dicen que esa bailaora es de Cádiz, me lo creo. Entre las voces, excelentes las tres, me sorprendió de forma muy especial Shuki (“el mejor cantaor de Israel”, como dijo él con gracia), con una voz y unas formas de cantar de una flamenquería como pocas. Las guitarras, igualmente excelentes, como el cajón de Nacho. Están sobrados de compás, de sentido, de gracia, y nos llegaron; vaya si nos llegaron. Disfrutamos como locos. Lo que no pudo ser en la actividad anterior con La Susi, lo fue en esta pero con creces. Ni lo imaginaba, sinceramente. Grandioso.



Luego vino el ratito de cháchara, aunque con el inconveniente de que el grupo, que se encontraba después de 10 años y que el domingo se volvía a separar, tenía concertada una cena, y solo nos acompañaron unos minutos antes de irse corriendo… y tarde. ¡Ole! Estuvimos conversando sobre lo que acababa de ocurrir. Los detallazos de algunos socios nos permitieron que el rato fuera aún mejor, pues hubo condumio gracias a ellos. La conversación con los dos Paco, los dos Manolo, las dos Ángeles, Curro, Emilio y la demás gente fue, como siempre, una delicia. Y sirve para pensar.



Coincidimos todos en que la pasión, la grandísima simpatía de Konstantina, Danila, Juan, Sergi y los demás, la honda complicidad que mostraron, el arte que derramaron, fue un chute de energía positiva impresionante. Yo ya no me acordaba del mal rato, al principio, cuando no venía nadie. Ni de que fuimos muy pocos los privilegiados allí presentes. Me daba ya igual. Como les había dado igual a ellos.



Pero quiero aprovechar esa energía para decir algo sobre la cuestión de la baja asistencia de gente, que no es rara cuando la actividad no es de relumbrón, a pesar de que suele tener un interés mayor, como en este caso y en otros. Lo primero que me viene a la cabeza son ciertos tópicos. Que sí: que estamos donde Cristo dio las tres voces, que un viernes por la tarde es problemático, que ha fallado la publicidad… Sin negar una parte de verdad en todo esto, hay algo más: la diversión banal, la imposición de estéticas y modos superficiales, la huida de lo que no sea trivial. Y un enorme desconocimiento del flamenco, claro. Sin embargo, este es el camino, insistir e insistir, con el coraje y el dolor de que esto no llegue a más gente, pero saber que hay más cosas, como esta; que existen, que existen, aunque no se quieran ver. La felicidad de la vaca es tentadora, pero en el campo, que es ancho, hay mucho más que pesebres estabulados para hartarse de comer. Lo pudimos volver a comprobar.



Más: hay que cuestionar la correspondencia que se hace entre “éxito” y número de asistentes. ¡Es mejor pocos y que no sean pasivos, sino que haya interacción y huella en todos los que están! No somos supermercados ni bancos ni partidos políticos en busca de clientes o de votos. No somos eso, ni la realidad se reduce a cantidades medibles, por más que nos quieran contar que se reduce a eso. Además, si las cosas se hacen bien, o sea, con entusiasmo y con verdad y con la gente que vale, no con cálculos tristes, las cosas trascienden; no al modo moda, sino poco a poco, sin estridencias, con la sutileza de aquel perfume que terminamos incorporando a nuestra memoria. Lo que no se puede medir con cifras, sino con significados que se comparten desde el pequeño grupo de gente que vive este tipo de actos.



Otro tema al que me lleva esta actividad: el flamenco es universal, pero porque es andaluz. Que una italiana, un bretón, un catalán, un israelí, una griega, sean flamencos, es porque se han inyectado la cultura flamenca, cuyas claves son todas andaluzas. Y la integran, la incorporan, desde sus propias biografías, claro. ¡Pero es que, además, aportan! Esto no es cerrado, no hay que poner vallas al campo, que es muy grande. Son gente valiente que escucha su pasión. Y lo andaluz, de lo que ellos participan, es impuro, o no es nada.




Hay que saber y esgrimir esa impureza, si queremos que el flamenco no se disuelva entre las modas adocenadas, banales, estabuladas. Es universal porque es andaluz. El flamenco lleva dos siglos abriendo puertas, y por eso es. Ni siquiera habría nacido, de hecho, si las puertas hubieran estado cerradas. Bien lo saben el bretón, la italiana, el catalán, el israelí, la griega, la taiwanesa… Si no abrimos las puertas, estamos perdidos. Pero abrir las puertas no es disolverse, sino reforzarse y crecer. Y no por ello deja de ser un componente especial de la cultura andaluza. Al contrario. Lo más impresionante es que esto lo saben los de afuera, y aportan. En tanto, nuestros hijos andaluces conocen mejor a Michael Jackson que a Paco Toronjo, como dijo el otro día el gran cantaor Arcángel. Otro de los temas de esta sesión inolvidable.



En suma: hubo el pasado día 23 de febrero un acto flamenco de goce, de comunicación, de aprendizaje, de fascinación, de resistencia, en la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide. Ha sido otro hito en el transcurrir de la Peña. Gracias de corazón, porque además sois generosos, a Konstantina, Danila, Sergi, Shuki, Juan, Nacho, Laura, Steven, Juan, Antonio. Y a la gente que asistió. Y al sociólogo Curro Aix, primer “culpable” de esto, pues fue quien propuso la actividad y nos puso en contacto con los artistas.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña