domingo, 19 de noviembre de 2017

Actividad de la Peña en el C.E.I.P. Rafael Alberti, para celebrar el Día del Flamenco

Fue en el Colegio de Educación Infantil y Primaria Rafael Alberti, de Montequinto. El motivo, la celebración del Día del Flamenco. El oficiante, nuestro amigo Torombo, con gente de su escuela de baile.




La descripción: imposible. Fueron tres partes: la primera, en la sala de usos múltiples del colegio, para niños y niñas de 3º, 4º y 5º. Casi no se cabía. Digo solo tres cosas: que centrar de manera sostenida la atención de tal cantidad de niños es muy difícil, y Torombo y su gente lo hicieron. Que las emociones fueron intensas: los niños se rieron, y lloraron. Sí, incluso varones de los mayorcitos, de los que nunca lloran. Que al terminar, espontáneamente, los niños se abrazaban, como forma de compartir y comunicarse esas emociones que desde el flamenco les habían transmitido Torombo y la gente de su escuela: Macarena, Emi, El Joti…




La segunda parte fue con tres clases distintas, a las que Torombo propuso diversas actividades y juegos con los que los niños disfrutaron y aprendieron. Atención, otras dos cosas: normalmente los niños, cuando se les pone a marcar el compás, tienden a acelerarse. Os aseguro que aquí marcaron el compás perfectamente. Otra: los puso a cantar el “tirititrán”… y lo hicieron genial.
La tercera fue la despedida, en el hall, con los más pequeñines. También cantaron y disfrutaron. La mañana, completa.





Hay que señalar que los distintos cursos han estado trabajando el flamenco en sus clases, por lo que felicitamos a todo el profesorado. Esa labor es muy necesaria, así que, formidable. Por supuesto, doy las gracias a Torombo y su gente por esta manera excepcional de ir sembrando. Inolvidables, desde luego, esas caritas emocionadas y la cantidad de cosas que los niños pudieron aprender, de forma imborrable. Enorme el trabajo realizado y bellísima la causa. Gracias, Torombo.


Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

Actividad de la Peña en el IX Congreso de ASWAD, el 10 de noviembre de 2017

El coordinador del IX Congreso de la ASWAD (Association for the Study of the Worldwide African Diaspora), el profesor Igor Pérez, nos propuso la posibilidad de que la Peña organizara un acto de flamenco para cerrar el evento, que se celebraba por primera vez en Europa, en concreto en la Universidad Pablo de Olavide.
La ASWAD es una importante Asociación a escala mundial, dedicada al estudio de la diáspora africana desde múltiples perspectivas (históricas, antropológicas, sociológicas, demográficas, etc.), y la componen reputados especialistas de todo el mundo.
Así se hizo. Contamos para ello con un grupo de artistas geniales, a los que propusimos como tema vertebrador, aunque no único, la influencia negra en el flamenco. Sobre el escenario estuvieron Jeromo Segura y Manuel Romero, al cante; Eli Parrilla y Esther Weekes, al baile; Carmelo Picón y Kaveh Nassehi, a la guitarra; y Andrej Vujicic, a la percusión. La cosa tenía su riesgo, por juntar a un buen grupo de artistas y por plantear ese tema. Un riesgo que merecía la pena.



El auditorio lo componían congresistas, la gran mayoría afroamericanos, de los que muchísimos no sabían español, y otros tantos, probablemente, no tenían familiaridad con el flamenco. Esto hacía más grande aún el reto.
Primero hicimos la presentación, que corrió a cargo de servidor. La cosa versó, tras hablarles de la Peña, sobre el flamenco, ubicándolo como tiene que ser, esto es, como un elemento de la cultura andaluza, y apuntando algunas cosas sobre la influencia histórica de los negros en su génesis y desarrollo, un tema muy poco estudiado. Luego pasé a presentar los tres números de la primera parte de la actuación, para que la audiencia pudiera entender mejor, y contextualizar lo que iban a ver y a oír.
Primero fue por guajiras, con el baile de Eli Parrilla. La belleza del baile, del cante y del toque ya encandiló a la audiencia. Siguió la cosa por soleá por bulerías, palante, sin baile, a cargo de Manuel Romero. Yo supuse que esto no interesaría demasiado a un público que gusta más de lo visual (del baile) y que no iba a entender lo que se cantaba. Me equivoqué: la tensión se respiraba, con la interpretación genial que hicieron. En tercer lugar, por tientos y tangos, de nuevo con Eli en el escenario. Apoteósico.



Presenté la segunda parte, la gente con un humor excepcional y sintiendo que estaba habiendo comunicación. Dije sobre lo que iban a oír, el sentido que tenía y demás. Se abrió la segunda parte con una ronda de martinetes. Pero eso no fue una simple ronda de martinetes. Es que Jeromo y Manuel llegaron a hacerlo a dúo, y brutales. Había gente llorando. A estos siguieron, ininterrumpidamente, las seguiriyas, con el baile de Esther. Duras, intensísimas, el aire se podía cortar. El público, entregado. Tras esto, Jeromo cantó, palante, por tangos. Yo ya no dudaba que iban a encantar, aunque fueran sin baile. Así fue. El auditorio, encendido. Por último, por alegrías y remate por bulerías de Cádiz, con el baile de Eli, y qué decir. Al final se sumó Esther. La gente, de pie, aplaudiendo a rabiar. Nos habíamos pasado un poquito de tiempo, pero es que los artistas estaban a gustísimo y pletóricos, y el público, más aún si cabe. Caramba, que terminaron y empezaron a gritar “¡Otra, otra, otra!”, que se marcaron por bulerías como despedida.



Hay que felicitar a los artistas, Jeromo, Manuel, Eli, Esther, Carmelo, Kaveh y Andej, que no solo estuvieron geniales, sino comprometidos, receptivos a la idea, creativos… Una maravilla. Lástima que la cosa era solo para los congresistas, que casi llenaron el Paraninfo. Pero es que los congresistas me sorprendieron como público. Cierto es que lo que los artistas les dieron fue una cosa fuera de serie y no me cabe duda de que la experiencia ha sido para ese público algo que nunca van a olvidar. Pero se percibía la cantidad de emociones que el recital les producía.
Desde luego, el día 10 de noviembre se queda para los anales de la Peña. Nos conocen académicos de universidades norteamericanas, que estoy seguro que desde ahora van a prestar más atención al flamenco. Incluso alguno mostró interés, tras la actuación, en llevar esto para allá.



Un par de cosas: lo importante que es contar con artistas que, no solo sean excepcionales como tales, sino también como personas. Otra: lo importante que es que el público sepa lo que está oyendo / viendo. Creo que fue un acierto hablarles de las guajiras, los tangos, las seguiriyas, etc., que iban a escuchar; no ya por el nombre de los palos, sino por lo que son y expresan.
Y otra: la idea, que estuvo presente en la mitad de los números ofrecidos, de la influencia negra en el flamenco, puede ser más desarrollada para montar en el futuro alguna cosa, con su argumentación y bases. Ahí la lanzo.
Doy las gracias a los artistas y al público, y de forma muy especial a Kaveh, que estuvo en la gestación de esto, y a Igor Pérez, que tuvo la suficiente sensibilidad como para proponernos esa participación en el Congreso de la ASWAD.
¡Somos más internacionales si cabe, jejeje!
PD: Solo contamos con estas fotos, pero el acto fue grabado para el documental del Congreso. He pedido que nos envíen la grabación a la Peña.

Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

miércoles, 15 de noviembre de 2017

ENCUENTRO CON ANTONIA JIMÉNEZ, DAVINIA BALLESTEROS, LOLA YANG. III CICLO "LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO"




Con el título “Mujeres guitarristas. Recuperando su sitio”, tuvo lugar en el salón de actos del Centro Andaluz de Biotecnología del Desarrollo esta actividad, que es la primera del ciclo sobre las mujeres en el flamenco.
Con nosotros, Antonia Jiménez, Davinia Ballesteros y Lola Yang. Esta vez no se llenó el salón, a pesar de que la ocasión lo merecía. Pero, como siempre llevamos a gala: mejor calidad que cantidad.



La entrevista la llevaron a cabo nuestros especialistas, la periodista Ángeles Cruzado y el antropólogo Rafael Cáceres. En la presentación hubo una explicación histórica sobre el papel de las mujeres como guitarristas, sobre el desplazamiento que sufrieron desde la época de los cafés cantantes y sobre cómo la historiografía del flamenco las ha olvidado.


Antonia es una pionera, quizás la gran pionera, del actual renacer de las mujeres a la guitarra. Nos contó su pasión por la guitarra desde pequeña, la oposición de la familia, y contó cosas llenas de sustancia: cómo, por ser mujer, ha tenido menos oportunidades y cómo, por ser mujer, tienes que ser muy buena para que te consideren, tienes que trabajar más que los demás.




Davinia reivindicó mayor y mejor presencia del flamenco en los conservatorios. Estos, encasillados en la partitura, desprecian la tradición oral, que tan fundamental es en el flamenco. Lola, simpatiquísima, nos contó su periplo desde China hasta que aquí se enamoró definitivamente del flamenco, “un arte muy profundo” al que definitivamente decidió dedicar su vida, aunque tiene formación musical clásica. La elocuencia y la cantidad de cosas que las tres podían enseñarnos hizo que se nos quedara corto el tiempo de la entrevista.





Luego vino la actuación. En ella, Antonia nos deleitó con tres composiciones suyas: tarantas, tanguillos aguajirados y pieza con aires de seguiriyas. Demostró su fuerza creativa, flamenquísima, con un toque complejo y jugoso, bestial de ritmo y de musicalidad. Atención, que saldrá un disco suyo, al que estaremos atentos.






Lola hizo granaínas, farruca y soleá, con las que nos recordó, solvente y sensible, a los grandes maestros clásicos de la guitarra flamenca. Davinia interpretó granaínas, de Gerardo Núñez, y siguió en Jerez, con bulerías gráciles y soleares, inspiradas en el maestro Fernando Moreno; con un toque rico y cristalino, una cascada de belleza.












Contrastes estéticos, con los que pudimos soñar, vibrar, emocionarnos. Y una cosa, creo, que esos contrastes demostraban: no hay toque de mujer. Hay flamenco inmenso en lo estético, flamenco bueno. Fuimos testigos de ello. Sí hay mujeres que están luchando y abriendo caminos, recuperando su sitio.   




Luego vino la fiesta, en el local del Entramado donde tenemos la Peña, con cositas de comer que la gente trajo. Otra vez simpatía y alegría, discusiones sobre flamenco, sobre lo humano y lo divino, risas, planes. Como corresponde. Imprescindible ese rato después de cada actividad. Davinia y Lola estuvieron. Antonia tenía que volver a Madrid, donde vive.



Estaba por allí, miren por dónde, otra guitarrista profesional, María José Domínguez, así que la cosa creció. Si Antonia es pionera, María José ha puesto una pica en Flandes: actuaba en la época de los festivales de verano y en los tablaos, cuando el guitarrista era siempre un hombre. De pronto, el tema de la actividad cobró una nueva y necesaria dimensión; ante nosotros, otro hito en el tema que nos traía. Fue un placer hablar con ella y un placer escucharla, con un toque potente y para el baile, que hizo con una guitarra difícil que le dejó un amigo vasco. Con María José a la guitarra, se lanzó a cantar Isabel la Campanera, amiga de San Fernando.
Otra vez, especial, muy especial.



Vaya mi agradecimiento a la gente que asistió y a la gente que lo hizo posible, porque cada actividad requiere de una organización mayor de lo que parece: Manolo González, Maite Olivares, Paco Rey, José Manuel Díaz, Manolo García, Dani Urquiza, Salvador Arjona, Kaveh Nassehi, Isabel Guerra… También a Beatriz, Pilar y a muchas más personas. ¡Ole! 
Damos las gracias también al Instituto Andaluz de Flamenco, a la Universidad Pablo de Olavide, a su Vicerrectorado y su Unidad de Cultura, y al Centro Andaluz de Biotecnología del Desarrollo.




La próxima cita será la presentación de la edición revisada y ampliada del libro de Antonio Ortega sobre el Bizco Amate, el día 23 de noviembre. Estará con nosotros ese gran periodista y escritor.
En cuanto al Ciclo de las mujeres, atención, porque la próxima artista que nos visite será nada más y nada menos que Remedios Amaya. Pero antes de que Remedios nos honre con su presencia hay prevista, en diciembre, una visita a las zambombas jerezanas.

PD: Esta croniquilla llega tarde por problemas de tiempo. Para colmo, la hago muy afectado por el fallecimiento del amigo Quini Martín, el educador más flamenco del mundo, que nos ha dejado de pronto. Quini era de los imprescindibles.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

domingo, 29 de octubre de 2017

Primera actividad del curso: Visita a la Casa de la Guitarra

ACTIVIDAD DEL 27 DE OCTUBRE DE 2017

Lo primero y principal: esta actividad ha sido posible gracias a Kaveh Nassehi. Servidor acudió como curioso, no más. Ha sido en la Casa de la Guitarra, un coqueto museo-tablao en pleno barrio de Santa Cruz, de la mano del responsable de la misma, el maestro José Luis Postigo.


Decir, aunque seguramente no hace falta, que José Luis Postigo es uno de los guitarristas más importantes del escenario flamenco desde los años setenta y sobre todo desde los ochenta. El maestro Postigo fue protagonista, en primera línea, de la eclosión de festivales y de la dignificación del flamenco, de la extensión de nuestro arte desde los tablaos hasta la escena internacional. Ha sido solicitado por muchísimos cantaores, por su dominio, compás, oficio, elegancia, gracia, justeza… Por su sabiduría. Además, es un estudioso y enamorado de la guitarra.


Cuento con brevedad. Lo primero es ese impresionante espacio, lleno de viejas guitarras, calladas. Guitarras que parecían mirarte orgullosas, como si guardaran un tesoro inaccesible para el extraño, un tesoro encastrado en sus cuerpos y en sus cuerdas. Una casa de guitarras. Silenciosas y evocadoras de la música que una vez fue en ellas.
El encuentro, que empezó a las 12:30, terminó a las 15:20. Casi tres horas, sin darnos cuenta. En el fondo, fueron cinco minutos escasos. Lo decían las guitarras, mirándonos desde su tiempo antiguo.



Disculpad, porque quería ir al grano, y no puedo. Hechizado, o no sé qué, desde que José Luis Postigo nos recibió. El maestro, no ya el maestro guitarrista sino el maestro de ceremonias, nos habló de la historia de la guitarra desde el siglo XVI. Resaltaría la aportación decisiva del rondeño Vicente Espinel, al crear la quinta cuerda en el siglo XVII, y las novedades del XVIII. Nos contó toda la evolución del instrumento, las modificaciones constructivas y técnicas, con el papel crucial de Francisco Sanguino en Sevilla, con el de los Pagés en Sevilla y en Cádiz…



No es sólo preciosa información; también emociones. En un momento determinado, el maestro Postigo se acerca a una de las vitrinas donde reposan las guitarras. Coge una Pagés de 1807. Toca. Salen de ella sonidos de hace 200 años, potentes y sonoros, deseando salir, desbocados, pero a la vez dóciles a su maestría. 200 años de música, de luz, de historia.


Nos sigue hablando de la evolución de la guitarra, y llegamos al punto álgido: el constructor almeriense Antonio Torres Jurado, a mitad del siglo XIX, que tuvo su taller en la actual calle Cerrajería de Sevilla. Torres culminó, con una serie de innovaciones, la evolución técnica de la guitarra tal como hoy la conocemos. Antonio Torres Jurado, andaluz, es el padre de la guitarra actual. Este año se cumple el 200 aniversario de su nacimiento. Pero nadie se ha enterado en Andalucía. Más aún: si preguntamos por la calle, nadie lo conoce aquí. Borrado de la memoria. Devaluado en su tierra pero, en cambio, reconocido, cultivado y presente en Madrid (donde es posible que lo consideren ejemplo de la genialidad española), en Cataluña (donde quizás anden buscando algún sitio donde agarrarse para hacerlo catalán), en Japón (donde puede que lo vean como gitano y español). Nadie se ha acordado aquí de él. En Andalucía no existe.


La escuela de Torres siguió en Madrid, con los hermanos Ramírez, y con Santos, Esteso y Enrique García. Por supuesto, Fernando Sors, Andrés Segovia, Tárrega y otros ilustres guitarristas aparecen en el discurso amoroso del maestro Postigo.
Y saca de la vitrina una guitarra de Santos Hernández que perteneció… a Javier Molina, el padre de la escuela jerezana de toque. Debería dejar de contar esto, para ser fiel a lo que sentí (menos mal que es una “crónica subjetiva”, no periodística). Me perdí porque jamás pensé que tendría el privilegio de escuchar en vivo la voz de Javier Molina, que se fue hace tantos años, en las cuerdas de su guitarra, ahí, frente a mí.


Recuerdo que el maestro Postigo habló, ya en flamenco, de don Ramón Montoya y su aplicación de técnicas clásicas al flamenco, de la guitarra a lo barbero…
Luego hubo un cambio de tercio. Temas de influencias judías y moriscas en el flamenco, de gitanos y moriscos, de gitanos canasteros y caseros… Y de su vida profesional, que abandonó hace pocos años. Y de sus inicios en el baile, y en la guitarra. De Paco Taranto, del Cabrero, Antonio Mairena, artistas, y anécdotas (las cosas de Enrique el Cojo, geniales). No era ahora una charla. Era una tertulia, con los ocho privilegiados que estábamos allí. Relajada, amable. Y las guitarras, alrededor. Yo me acordé de alguna novela sobre príncipes renacentistas amantes del coleccionismo de obras de arte, y el maestro Postigo me parecía uno de ellos.


Pudimos aprender, admirarnos, y desde luego, reírnos. Porque los flamencos, los flamencos de verdad, los que han vivido y han creado, son gente sencilla (¡aunque sean muy importantes!); son gente con corazón, y divertida, y miran a los ojos cuando hablan contigo.
José Luis Postigo, que forma parte de la historia del flamenco, nos ha recibido en su mágica Casa de la Guitarra. De la manera más flamenca, como corresponde a su cultura enorme, de la que pudimos participar.


Nos despedimos entre saludos que parecían de gente que se conocía desde antes. En aquella sala, ahora vacía, se quedaron las guitarras.
Gracias, maestro, por tu generosidad, tu sabiduría, tu humanidad tan flamenca. Quién me iba a decir a mí, años atrás, que ese guitarrista al que vi actuando tantas veces, siempre sublime, echaría un rato prodigioso conmigo y con unos amigos. Lo dicho: un privilegio.


Dos cosas más, para terminar:
En la Casa de la Guitarra hay actuaciones de flamenco a diario (teléfonos de información: 954 224 093 y 954 227 898), y con grandes artistas, lo aseguro.
Otra, maravillosa: estuvo con nosotros el periodista y escritor Antonio Ortega. Resulta que acaba de salir la segunda edición, revisada y ampliada, de su excelente biografía sobre el Bizco Amate, un personaje muy singular de la Sevilla flamenca… ¡Y está dispuesto a venir a la Peña a presentar ese libro! Ya informaremos.


Fernando C. Ruiz, Presidente de la Peña


martes, 30 de mayo de 2017

Actividad de fin de curso: Charla de Ángeles Cruzado, actuación de alumnos de la Peña, y recital de Maite y Kaveh


 ACTIVIDAD DE CIERRE DEL CURSO 2016/17

El pasado viernes día 26 de mayo tuvimos la última del curso. El plan era variado: charla de Ángeles Cruzado sobre "Flamencas de la Edad de Oro. Mujeres de rompe y rasga, creadoras y transmisoras de un arte universal", actuación del alumnado de cante, actuación profesional, y fiesta. La asistencia y el ambiente estuvieron en la línea habitual: excelentes.
Paco Mejías y Ángeles Cruzado

La prestigiosa periodista Ángeles Cruzado, toda una referencia para la investigación sobre las mujeres en el flamenco, cerró con su charla el tema central del curso: el papel de las mujeres en el flamenco. Nos habló de la época de los cafés cantantes, y de determinadas artistas que marcaron la época, por más que a menudo no se habla de muchas de ellas como merecen. Hizo un recorrido por las pioneras, en distintas facetas: transgresoras y rompiendo prejuicios de la época hacia las mujeres, llevando el flamenco por el mundo, guitarristas, creadoras,… También algunas, injustamente olvidadas, o prematuramente retiradas de los escenarios por las cargas familiares. Los nombres de la Cuenca, la Carbonera, María Borrico, la Sordita, Dolores la Parrala, Rita la Cantaora, Carmencita Dauset, la Macarrona, la Antequerana, la Malena, Adela Cubas, la Serneta, la Trini, Pepa Oro, la Peñaranda, la Mejorana, Pastora Imperio, Anilla la de Ronda, y por supuesto Pastora Pavón, entre otros, salieron a la palestra. Además, pudimos escuchar, de forma muy ilustrativa, grabaciones de Isabelita de Jerez, la Antequerana o Paca Aguilera. Toda una lección amenísima, ilustrada y documentada, que interesó mucho a la audiencia y que a más de uno hizo descubrir toda una dimensión de la historia del flamenco que está, sigue estando, demasiado oculta.
Maite Olivares y Kaveh Nassehi

Siguió una cosa que es motivo del máximo orgullo, por todo lo que significa: la actuación de Beatriz, Bea y Curro, alumnos de las clases de cante que importe Maite Olivares. Con Kaveh a la guitarra, que es un prodigioso docente como Maite, hicieron tangos, guajiras, alegrías, vidalita, fandangos… Hay que decir que Beatriz cantaba ante gente por primera vez. Mérito doble. Con el cálido ambiente, estuvieron arropados y jaleados, y lo hicieron muy bien. Servidor sintió, debo confesarlo, envidia. Sana, pero envidia. Ole por los tres y por los profesores.



Luego llegó la actuación, ya profesional por entero, de Maite y Kaveh. Nos deleitaron con malagueñas de la Peñaranda y la Trini, rematadas por rondeñas. La elección fue de lo más acertada, y eso caracteriza las cosas que la Peña hace: coherentes y amplias. Acabábamos de escuchar la charla de Ángeles, y nos encontrábamos luego con esas bellísimas muestras de dos de las creadoras antes citadas. Luego, por peteneras, la segunda de ellas de Pastora Pavón. Siguieron por cantiñas: de las Mirris y caracoles. La culminación, y el culmen, fue por tangos: Triana, Pastora, la Repompa, y para rematar, tangos extremeños, la tierra de Maite, que además se marcó un bailecito, pues también es bailaora. Para los tangos, contaron con la colaboración espontánea de otro cantaor y amigo, Paco Mejías, flamenquísimo y, otro honor, socio de la Peña.


La voz de Maite sonó plena y dolida en las malagueñas, y llena de sensibilidad. Esa línea siguió en las peteneras. El cambio de registro fue en las cantiñas: gracia a raudales, salero, poderío, vigorosos desplantes. Y la gracia llegó al extremo en la tanda de tangos. Desde el dolor conmovido y concentrado de las malagueñas, hasta la explosión festiva de los tangos, toda una gama de sentimientos: pudimos sentir y apreciar la riqueza del flamenco en su complejidad de matices, en la voz formidable de Maite. Y en la guitarra: cristalina, virtuosa y precisa, aportando belleza y resaltando la voz. Otra lección de ambos.
Luego, la fiesta, donde no faltó comida que llevaron socios/as. Distendida, divertida, colofón idóneo para un curso que ha sido francamente intenso. Me gusta contar cosillas de los momentos festivos, pero esta vez tengo menos recursos, pues, agotado por varios motivos, me fui antes de tiempo, sin que sirva esto de precedente. Pude ver cómo nuestro Manolo García se templaba por soleares, Paco Mejías entusiasmaba a los presentes con su enorme voz y compás,… Pero me tuve que perder todo eso y más.
Solo me queda felicitar a todos los socios/as, a todos los amigos/as, que son cada vez más. A los asistentes y la simpatía y buen humor que derrocharon. A Ángeles, Maite, Kaveh, Bea, Beatriz, Curro… Y agradecer de forma muy especial, pues sin ellos no hubiera sido posible, a Manolo García que cargó con la infraestructura, y a Daidee, responsable de cultura en la Universidad, que estuvo igualmente al pie del cañón en cuestiones de infraestructura, y que además, aunque iba a irse pronto, allí seguía cuando servidor se fue. ¡Ole! En lo institucional, nombrar de forma especial al Vicerrectorado de Cultura y Compromiso Social, cuyo respaldo es imprescindible, como lo es el de las personas que están en la Peña o que se acercan a ella.
Con esto, pusimos la guinda a un curso que ha significado un paso adelante más, en todos los sentidos: en crecimiento, consolidación, originalidad, presencia, felicidad.
Tenemos que felicitarnos.

 Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña UPO

José Manuel Mibri
Secretario