martes, 20 de octubre de 2026

ANABEL VALENCIA Y CURRO VARGAS. INAUGURACIÓN DEL CURSO 26/27 DE LA PEÑA FLAMENCA DE LA UPO

 


Anabel Valencia inaugura el curso flamenco de la UPO con un recital de raíz, compás y sentimiento

La cantaora de Lebrija protagoniza una noche memorable en la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, en un homenaje al medio siglo de «Persecución», el disco mítico de Juan Peña «El Lebrijano».

Anabel Valencia y Curro Vargas

El pasado 8 de octubre de 2026, la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, levantaba el telón de un nuevo curso, el 2026-2027, con una cita de especial significado. La inauguración se enmarcaba dentro del Circuito Andaluz de Peñas Flamencas y rendía homenaje a una obra fundamental en la historia del flamenco: «Persecución», el mítico disco de Juan Peña «El Lebrijano», que cumple cincuenta años. Una efeméride que nos invitaba a volver la mirada hacia la memoria de nuestro arte, pero también a disfrutarlo en presente, vivo y palpitante, sobre el escenario.

El Circuito Andaluz de Peñas Flamencas es una iniciativa impulsada por el Instituto Andaluz del Flamenco, la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas, a la que pertenece nuestra Peña.

Fco. Gª Rey, dando la bienvenida a los asistentes al acto.


El acto comenzó con unas palabras de bienvenida y agradecimiento del presidente de la entidad, que quiso reconocer el respaldo de la Federación, responsable de hacer posible esta actividad; del Vicerrectorado de Cultura de la UPO, con una mención especial a su técnica de Extensión Cultural, Daedee, presente en la sala; y, muy especialmente, del Consejo Social de la Universidad, cuyo apoyo viene siendo fundamental para el desarrollo de nuestras iniciativas flamencas. Un respaldo que adquiere un valor añadido cuando se trata de proyectos destinados a visibilizar y reivindicar el papel de la mujer en el mundo del flamenco, una tarea en la que nuestra Peña mantiene un compromiso firme.

Francisco Gª Rey, Anabel Valencia y Curro Vargas

Y qué mejor manera de comenzar el curso que con una artista de la categoría de Anabel Valencia, cantaora gitana de Lebrija y amiga de esta casa, a la que ya hemos tenido el privilegio de recibir en otras ocasiones. Llegó acompañada por su primo, el guitarrista Curro Vargas, que también nos ha acompañado en varias ocasiones, dispuesta a compartir con nosotros una tarde de cante y entrega. Anabel ya había protagonizado, en mayo de 2019, una de las actividades de nuestro IV Ciclo «Las Mujeres como Transmisoras del Flamenco». Han pasado más de siete años, pero su regreso volvió a poner de manifiesto la estrecha relación que une a esta artista con nuestra Peña.

Anabel pertenece a una familia de profundas raíces flamencas. Es nieta de Mondego, reconocido artista; sobrina de Manuel de Paula; hija de Ana Vargas, «La Remolina», y hermana de Juan Diego Valencia, destacado palmero y maestro del compás, muy solicitado por grandes figuras del flamenco. Un entorno familiar y artístico que ayuda a comprender la naturalidad con la que Anabel se mueve por los distintos registros del cante.

Anabel Valencia, durante el recital.


Su tierra, Lebrija, es también una de las claves de su personalidad artística. De esta localidad han llegado hasta nuestra Peña nombres imprescindibles como Inés Bacán, Pedro Peña y Pepa Vargas, madre de la cantaora Esperanza Fernández y esposa de Curro Fernández. Pepa fue, además, protagonista del libro Memoria de una mujer flamenca, escrito por el anterior presidente de nuestra entidad, Fernando Carlos Ruiz Morales, junto a Rafael Cáceres. También es hermana de Concha Vargas, reconocida bailaora y madre del guitarrista que acompañaba a Anabel en esta ocasión.

No es casualidad, por tanto, que Anabel Valencia haya defendido siempre la identidad territorial del flamenco y, de manera muy especial, la de su Lebrija natal. Su trayectoria sobre los escenarios comenzó a tomar impulso en 2008, cuando participó por primera vez en la Caracolá Lebrijana. Desde entonces ha ido consolidando su presencia en el panorama flamenco, con actuaciones en distintas ediciones de la Bienal de Flamenco de Sevilla, entre ellas las de 2014 y 2018, en las que recibió excelentes críticas de la prensa especializada.

Anabel Valencia y Curro Vargas durante el recital.


Un recital con el sello inconfundible de Lebrija

Y llegó el momento de la verdad: el encuentro entre la artista, la guitarra y el público. Anabel abrió el recital por Tientos, recreándose en ese aire pausado, cadencioso y profundo que tan bien identifica el gusto de su tierra. Desde los primeros compases quedó claro que no venía a cumplir con un repertorio, sino a entregarse al cante y a compartirlo sin reservas.



Uno de los momentos más singulares llegó con las Galeras, un cante poco habitual en los recitales de las peñas y que despierta opiniones diversas entre los aficionados. Para unos constituye un palo con personalidad propia; otros mantienen abierto el debate sobre su consideración. Más allá de la controversia, su presencia en el repertorio aportó un interés especial a la actuación y permitió disfrutar de una propuesta menos frecuente sobre los escenarios.



Las Malagueñas llegaron después, interpretadas con el gusto, la delicadeza y la exquisitez que caracterizan a la cantaora.



A continuación, la Seguiriya puso sobre la mesa la hondura del cante, ese territorio donde la voz se desnuda y el sentimiento adquiere toda su dimensión. En Anabel afloraron entonces la fuerza de su raíz gitana y el perfume inconfundible de su tierra.



El recital continuó por Tangos, con ese compás tan propio de Lebrija. Fue aquí donde se produjo una de las estampas más espontáneas y flamencas de la noche. El calor que reinaba en la sala llevó a Anabel a echar mano de un abanico, que terminó convirtiéndose en un aliado expresivo de su interpretación. Lo manejó con gracia, compás y una naturalidad extraordinaria, acompasando cada movimiento a la guitarra de Curro Vargas. La escena dejó imágenes de gran belleza: una cantaora disfrutando del cante, jugando con el ritmo y haciendo de un gesto cotidiano una expresión más de su arte.



El broche llegó por Bulerías, con el inconfundible sabor lebrijano. Porque Lebrija tiene su manera de marcar el compás, de respirar el ritmo y de recrear este palo festero. Anabel lo conoce, lo siente y lo transmite desde dentro, sin artificios, con esa personalidad que convierte cada interpretación en una afirmación de identidad.



Fue un recital redondo, de los que dejan huella. La respuesta del público no pudo ser más elocuente: una prolongada ovación, con los asistentes puestos en pie durante varios minutos, puso el punto final a una actuación que colmó las expectativas de quienes se acercaron a la Universidad para disfrutar de una de las voces destacadas del flamenco actual.



La tertulia, ese otro escenario de la convivencia flamenca

Tras el recital, artistas, socios y amigos nos trasladamos al local de nuestra Peña para celebrar la tradicional recepción. Allí, con una cerveza en la mano y algunas viandas sobre la mesa, llegó ese otro momento que forma parte esencial de nuestra manera de vivir el flamenco: la conversación sin prisas, el comentario sobre los cantes, el intercambio de impresiones y el reencuentro entre compañeros después del paréntesis veraniego.

La tertulia se prolongó entre saludos, recuerdos y felicitaciones. Anabel y Curro compartieron también ese rato con nosotros, demostrando que la grandeza de los artistas no se mide únicamente sobre el escenario. Su cercanía, su generosidad y su disposición para conversar confirmaron la impresión que nos había dejado el recital: estábamos ante dos grandes artistas y, además, ante dos personas extraordinarias.

Desde estas líneas quiero agradecer a todos los asistentes su presencia y su apoyo a nuestra Peña. Mi reconocimiento más sincero a Anabel Valencia y a Curro Vargas por el arte, la entrega y la generosidad con que nos regalaron esta actuación. No se guardaron nada: lo dejaron todo sobre el escenario y nos hicieron partícipes de una noche que permanecerá en nuestra memoria.

Paco Gª Rey, Manuel González, Isa G., Anabel, Ángeles y Curro


Quiero expresar también mi agradecimiento a mi compañeros Manuel González , por el trabajo, la dedicación y el esfuerzo desplegado en la producción y organización de esta actividad.

Así comenzamos el curso 2026-2027: con el recuerdo de una obra fundamental como Persecución, con el cante de una artista que lleva a Lebrija en la voz y en el corazón, y con la satisfacción de volver a reunir a nuestra familia flamenca en torno al arte y la convivencia.

Porque una Peña no es solamente un lugar donde se escucha flamenco. Es también un espacio donde se comparte, se aprende, se recuerda y se mantiene viva una forma de sentir. Y noches como esta nos recuerdan por qué merece la pena seguir trabajando por nuestro arte.

Nos emplazamos ya para la próxima cita, que llegará muy pronto.

Francisco García Rey

Presidente de la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide .

GALERÍA DE IMÁGENES:














jueves, 8 de octubre de 2026

EXPOSICIÓN DE ARTE: "FLAMENCO CON ACENTO DE MUJER" de Rosa Domínguez Caballero. XXIV Bienal Sevilla.

 



«Flamenco con acento de mujer»: el arte jondo reivindica su memoria femenina en la Bienal de Sevilla

Más de setenta obras de pintura, escultura, fotografía y literatura conforman esta exposición multidisciplinar, comisariada por nuestra compañera de peña y amiga Rosa María Domínguez Caballero, que pone en valor la contribución de las mujeres a la historia, la creación, la transmisión y la evolución del flamenco.

Entre el 16 de septiembre y el 14 de octubre de 2026, Sevilla ha acogido, en el marco de las actividades paralelas de la XXIV Bienal de Flamenco, una exposición que invita a contemplar nuestro arte desde una perspectiva tan necesaria como enriquecedora: «Flamenco con acento de mujer». Al frente de esta iniciativa se encuentra nuestra compañera de la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide y querida amiga, Rosa María Domínguez Caballero, arquitecta técnica, profesora universitaria y, por encima de todo, una gran aficionada y conocedora del universo flamenco.


Desde la Peña Flamenca de la UPO hemos querido colaborar una vez más con este proyecto, respaldando la iniciativa de una de nuestras socias y compartiendo su propósito de tender puentes entre disciplinas, sensibilidades y distintas formas de interpretar nuestro patrimonio cultural. Una propuesta que trasciende la mera contemplación artística para invitarnos a reflexionar sobre la historia, la memoria y el papel fundamental que las mujeres han desempeñado en la construcción de un arte que forma parte de nuestra identidad y que ha alcanzado una dimensión universal.

La exposición se ha celebrado en el Colegio Oficial de la Arquitectura Técnica de Sevilla y en la Fundación de Aparejadores, instituciones que han abierto sus puertas a esta iniciativa cultural. La elección del espacio encierra también un hermoso simbolismo: la arquitectura técnica contribuye a construir los lugares que habitamos, pero esos mismos espacios pueden convertirse en puntos de encuentro donde el arte, el pensamiento y la cultura dialogan con la sociedad.

Y eso es, precisamente, lo que sucede en esta muestra. Pintura, escultura, fotografía y literatura confluyen para ofrecernos una mirada plural sobre el flamenco, con especial atención a la aportación de tantas mujeres que, a lo largo de generaciones, han contribuido a engrandecer una de las expresiones culturales más valiosas de Andalucía.

Conviene aclararlo desde el principio: no se trata de establecer diferencias entre hombres y mujeres, sino de completar una memoria colectiva que no puede comprenderse plenamente sin reconocer a todas las personas que la hicieron posible. Dar visibilidad a las mujeres no resta protagonismo a nadie; al contrario, enriquece el relato y nos permite acercarnos con mayor rigor a la verdadera dimensión histórica del flamenco.

Rosa Domínguez: cuando la profesión y la pasión flamenca se dan la mano.

Rosa Domínguez durante el acto de inauguración de su Exposición.

Quienes conocemos a Rosa sabemos que esta exposición no responde a una inquietud pasajera. Es el resultado de una trayectoria en la que confluyen su formación profesional, su sensibilidad artística y una afición al flamenco profundamente arraigada. Profesora universitaria, arquitecta técnica desde hace más de tres décadas y socia de nuestra Peña, ha sabido transformar esa pasión en una labor cultural que reúne a creadores, investigadores y aficionados.

«Flamenco con acento de mujer» constituye un nuevo capítulo de un recorrido expositivo iniciado en 2016 con Fiestas Primaverales, que continuó en 2021, en la sede de Canal Sur, con El Duende en las Artes Plásticas, y que tuvo otra parada destacada en la Casa de la Provincia con El Compás en las Artes Plásticas, dentro de la Bienal de Flamenco de 2022.


En esta ocasión, el corazón y la mirada de nuestra compañera se detienen en la mujer. La pregunta que inspira el proyecto es tan sencilla como profunda: ¿qué papel ha desempeñado la mujer en la historia del flamenco y hasta qué punto se ha reconocido su contribución?

La respuesta no puede limitarse a los nombres que alcanzaron la fama ni a las figuras que ocuparon los escenarios. Para comprender esa aportación es necesario volver la vista atrás, recorrer los espacios en los que el flamenco se desarrolló y escuchar también las voces que durante generaciones permanecieron lejos de los focos.

En el acto que estuvo abarrotado de público, donde asistieron entre el muchísimos artistas flamencos, plásticos y presidentes de peñas, periodistas y aficionados al flamenco. también se encontraban Ricardo Sánchez, Deñegado del gobierno de la Junta de Andalucía y Luis Ibarra, Director de la Bienal de Sevilla que intervinieron en el acto de presentación.

 

De los cafés cantantes a los patios de vecinos: una historia de transmisión y resistencia

La profesionalización del flamenco durante la segunda mitad del siglo XIX estuvo estrechamente ligada a los cafés cantantes, espacios que contribuyeron a consolidar el género y a convertirlo en espectáculo público. Sin embargo, aquellos establecimientos se desenvolvían en un contexto social marcadamente masculino, y las oportunidades de las mujeres estaban condicionadas por las convenciones de la época.

Mientras los hombres frecuentaban tabernas y cafés, muchas mujeres desarrollaban su relación con el cante y el compás en otros ámbitos: los corrales de vecinos, los patios, las reuniones familiares y la intimidad de los hogares. Cantaban mientras trabajaban, cuidaban de sus familias y compartían la vida cotidiana. En esos espacios, lejos de los grandes escenarios, el flamenco encontró también un territorio esencial para conservarse, enriquecerse y transmitirse.

Sería injusto, por tanto, reducir la historia de las mujeres flamencas a su presencia como cantaoras o bailaoras profesionales. Su aportación fue mucho más amplia: transmitieron repertorios, formas de interpretar, maneras de sentir y conocimientos que pasaron de una generación a otra, contribuyendo a mantener vivo un legado que no siempre quedó reflejado en los documentos oficiales.

Incluso en acontecimientos tan relevantes como el Concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922, la presencia de mujeres en el entorno organizativo merece una mirada atenta. La memoria del flamenco, como la de tantas manifestaciones culturales, no siempre ha dado a todas sus protagonistas el espacio que merecían.

Ricardo Sánchez. Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía.

De esa necesidad de recuperar y reconocer una parte fundamental de nuestra historia nace el sentido de esta exposición. Rosa Domínguez invitó a creadoras y creadores de distintas disciplinas a plasmar en sus obras la presencia femenina, decisiva y tantas veces velada, en el maravilloso universo del arte jondo.

Hoy el panorama es distinto y las mujeres ocupan espacios cada vez más visibles en todos los ámbitos del flamenco. Pero el reconocimiento de quienes abrieron camino, de quienes sostuvieron la tradición y de quienes continúan renovándola sigue siendo una cuestión de justicia cultural.

Luis Ibarra. Director de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Más de setenta obras para recorrer el universo flamenco

La muestra reúne más de setenta obras de pintura, escultura, fotografía y creación literaria, realizadas por artistas de diferentes generaciones y sensibilidades. La diversidad de lenguajes y estilos no constituye una dificultad, sino una de sus principales riquezas: el flamenco, como las artes que lo interpretan, está vivo, cambia y se expresa de múltiples maneras.

Las obras proponen un recorrido por la influencia de la mujer en el cante, el baile y el toque, pero también por su papel como creadora, intérprete, transmisora de conocimientos e inspiración artística. La mujer no aparece únicamente como una figura representada en un lienzo o capturada por una cámara, sino como protagonista activa de una cultura que ha contribuido a preservar y renovar.

Francisco Gª Rey (Presidente de la Peña de la UPO) y Rosa Domínguez (Comisaria de la Exposición).

La exposición permite, además, recordar cómo las artes plásticas han acompañado al flamenco desde antes de su consolidación como género artístico y seña de identidad andaluza.

Pintores, escultores, dibujantes, ceramistas y grabadores encontraron en las manifestaciones populares, las fiestas y las costumbres de nuestra tierra una fuente inagotable de inspiración. Los viajeros románticos difundieron imágenes de Andalucía; posteriormente, el costumbrismo, el realismo y el impresionismo incorporaron escenas y personajes vinculados a la vida festiva y popular.

Nombres como Goya, Zuloaga, Sorolla, García Ramos, Barrón y Doré forman parte de ese amplio recorrido visual que ha contribuido a fijar en la memoria colectiva distintas imágenes de lo andaluz y de lo flamenco.

Con el paso del tiempo, cada corriente artística fue ofreciendo su propia interpretación del arte jondo. También las relaciones personales entre intelectuales y artistas dejaron una huella importante. La vinculación de La Argentinita con Federico García Lorca e Ignacio Sánchez Mejías, la relación de Ruano Llopis con Carmen Amaya o la de Julio Romero de Torres con Pastora Pavón, «La Niña de los Peines», ilustran cómo el diálogo entre distintas disciplinas y personalidades enriqueció ese universo creativo.


Durante el siglo XX, especialmente a partir de la década de los sesenta, las artes plásticas encontraron nuevas vías para relacionarse con el flamenco. La fotografía adquirió un protagonismo creciente al capturar instantes irrepetibles sobre los escenarios y documentar la trayectoria de artistas y espectáculos. Las imágenes comenzaron a ocupar un lugar destacado en las crónicas de la prensa especializada, así como en los programas de radio y televisión, contribuyendo a preservar una memoria visual de enorme valor.

La cartelería desempeñó también un papel esencial en la difusión del género. En este terreno destaca Francisco Moreno Galván, cuya obra constituye una referencia por su capacidad para unir identidad, compromiso estético y conocimiento profundo del flamenco. A su lado, las portadas discográficas, los libretos, los reportajes fotográficos y las composiciones alegóricas fueron configurando una estética propia, en constante evolución.



La escultura ha ganado presencia en las últimas décadas mediante monumentos dedicados a artistas que forman parte de la memoria de pueblos y ciudades, así como a través de trofeos y galardones que perpetúan el recuerdo de acontecimientos y trayectorias relevantes. Al mismo tiempo, la fotografía flamenca se ha extendido por todo el mundo, acompañando a los artistas de festival en festival y documentando una tradición que no deja de transformarse.



De lo clásico a la vanguardia, de la pintura a la fotografía, de la escultura a la palabra escrita, el flamenco ha encontrado en las artes un espejo capaz de reflejar su diversidad, su historia y su permanente capacidad de renovación. Esta exposición reúne distintas expresiones de ese diálogo y las pone en relación con la aportación de las mujeres, centro de su propuesta.

Letras de flamenco manuscritas de grandes autores.

Tres generaciones de artistas, diferentes escuelas y estilos complementarios conviven en una muestra que ha sido posible gracias a la generosidad de quienes han cedido sus obras y han contribuido desinteresadamente al proyecto. Un gesto que merece nuestro reconocimiento y que demuestra la capacidad del flamenco para generar complicidades y sumar voluntades.

Memoria, emoción y verdad: la mujer como protagonista del arte jondo

La exposición se completa con encuentros y mesas redondas destinados a profundizar en la presencia femenina en el cante, el baile y la instrumentación. Entre las actividades recogidas en el programa figura una intervención de Carlos Martín Ballester sobre el papel de la mujer en la ópera flamenca, una etapa histórica a la que la Bienal presta especial atención en esta edición.

El guitarrista Eduardo Rebollar Director de AER y Paco Gª. Rey (Presidente de la Peña )


Estas propuestas amplían el alcance de la muestra y refuerzan su vocación como espacio de conocimiento y debate. Porque el flamenco no se agota en lo que sucede sobre un escenario: también se estudia, se investiga, se documenta y se transmite desde perspectivas históricas, sociales y culturales.

En los textos que acompañan al catálogo de la exposición, Concha Prieto, presidenta de la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas, nos recuerda que el flamenco es memoria, emoción y verdad. Una expresión profundamente arraigada en la identidad andaluza que, desde sus orígenes, ha encontrado en la mujer uno de sus pilares esenciales, aunque ese papel no siempre haya recibido la visibilidad merecida.



«Flamenco con acento de mujer» nace precisamente con la voluntad de reconocer y poner en valor esa contribución a la construcción, la transmisión y la renovación de nuestro patrimonio cultural. La mujer ha sido voz, cuerpo, compás, inspiración y resistencia creadora; ha mantenido vivos los cantes en la intimidad de los hogares, ha conquistado escenarios, ha enseñado, investigado y abierto caminos.

No se trata únicamente de representarla como figura icónica del baile o del cante, sino de reconocerla como sujeto creador, intérprete y transmisor de emociones, saberes y estéticas. Cada obra ofrece una interpretación personal de esa relación profunda entre el flamenco y la experiencia femenina. Reunidas, componen una memoria plural, abierta y contemporánea.

Beatriz Cruz de Alba, bailando durante la presentación.

También el texto de Carmen Arjona Pabón nos conduce hacia una imagen íntima y universal: la nana que una madre canta a su criatura para procurarle descanso. Quizá en esa voz primera, en ese susurro que acompaña el sueño, podamos encontrar una de las muchas formas de transmisión cultural que preceden a los escenarios y a las categorías artísticas.

Desde ese ámbito familiar hasta la complejidad del flamenco actual se extiende una historia en la que mujeres y hombres han ido construyendo, generación tras generación, los caminos hondos de nuestro arte. No hay faceta en la que la mujer no haya dejado su huella. Su reconocimiento no necesita comparaciones: requiere comprender su presencia real y concederle el lugar que le corresponde dentro de una historia compartida.

Tal como se desprende de los textos del programa, las mujeres que hoy firman sus obras con nombre propio son herederas de una tradición y, al mismo tiempo, protagonistas de su transformación. Creadoras, innovadoras, intérpretes, conservadoras y transmisoras, aportan nuevas miradas a un universo flamenco cada vez más diverso

Un homenaje necesario y una alegría compartida

Como presidente de la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, quiero expresar mi reconocimiento a Rosa María Domínguez Caballero por su trabajo, su sensibilidad y la generosidad con la que ha hecho posible esta iniciativa. Para quienes compartimos con ella la afición y el compromiso con el flamenco, es motivo de orgullo comprobar cómo una inquietud personal puede convertirse en un proyecto cultural capaz de reunir a tantos artistas y despertar nuevas preguntas entre quienes lo visitan.

Nuestro agradecimiento se extiende a las instituciones que han acogido y respaldado la exposición y, de manera muy especial, a los artistas que han contribuido desinteresadamente con sus obras. Su participación demuestra que el flamenco continúa siendo un territorio fértil para la creación, el encuentro y el diálogo entre generaciones.

Desde nuestra Peña defendemos que el flamenco debe escucharse, vivirse y disfrutarse, pero también conocerse y estudiarse en toda su amplitud. Por eso nos sentimos especialmente identificados con una propuesta que conecta el arte jondo con otras disciplinas y nos ayuda a comprender mejor la historia que compartimos.

«Flamenco con acento de mujer» es, en definitiva, un homenaje sincero a todas las mujeres que han hecho y siguen haciendo flamenco. A las que conquistaron los escenarios y a las que mantuvieron vivos los cantes en sus hogares; a las que enseñaron a sus hijos y nietos; a las que crean, investigan, interpretan y abren nuevos caminos.

Mujeres con nombre propio y mujeres anónimas. Mujeres que han sido voz, cuerpo, compás, inspiración y resistencia. Mujeres que forman parte inseparable de la memoria del flamenco y cuyo legado merece ser conocido, reconocido y transmitido.

Porque nuestro arte es más grande cuando somos capaces de mirar toda su historia. Y porque el flamenco, cuando se escucha con atención y se contempla sin prejuicios, siempre termina revelándonos algo nuevo de nosotros mismos.

Enhorabuena, Rosa, por esta nueva aportación a la cultura flamenca. Desde la Peña Flamenca de la UPO seguiremos acompañándote en iniciativas que, como esta, ayudan a mantener vivo nuestro patrimonio y a transmitirlo a las generaciones que vienen detrás.

 

Francisco García Rey.

Presidente de la Peña Flamenca de la Universidad Pablo de Olavide .

(Crónica elaborada a partir del texto original y de materiales del programa de la exposición firmados por Manuel Curao, Concha Prieto, Carmen Arjona Pabón y la propia Rosa María Domínguez Caballero).


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