martes, 17 de febrero de 2026

ENCUENTRO CON YOLANDA LORENZO. XIº CICLO “LAS MUJERES COMO TRANSMISORAS DEL FLAMENCO”.

 


Yolanda Lorenzo: la raíz sevillana de una bailaora nacida entre tulipanes. 

    El viernes 13 de febrero, cuando la tarde comenzaba a rendirse al compás de la noche, la Universidad volvió a vestirse de flamenco. La segunda cita del undécimo ciclo dedicado a las mujeres como transmisoras de este arte —organizado en colaboración con el Instituto Andaluz del Flamenco y el Consejo Social de la Universidad— convocó a aficionados y curiosos en torno a una figura imprescindible: la bailaora sevillana Yolanda Lorenzo.

Paco Gª Rey, Presidente de la Peña presentando el acto en su inicio

El presidente de la peña abrió el acto con palabras de bienvenida  a todos los asistentes entre los que se encontraba el fotoperiodista Ramón Amaya, de "Objetivo Flamenco", que como gran amigo de esta Peña que es, siempre que puede nos visita y regala unos extraordinarios reportajes gráficos que a continuación podremos ver y que para nosotros es un lujo compartirlos.

Yolanda Lorenzo y Rosa Domínguez, durante la entrevista.

 Después, la periodista Rosa Domínguez tomó la palabra para conducir una entrevista cercana, sin artificios, en la que Yolanda  Lorenzo desgranó recuerdos, aprendizajes y devociones. Entre ellas, el magisterio de Matilde Coral, cuya huella, dijo, no se borra jamás del cuerpo que aprende a sentir el compás desde la raíz.. Fue como dije anteriormente una conversación cercana y cómplice, como entre amigas que comparten café y recuerdos, la entrevistadora, grandísima aficionada, investigadora de flamenco, y profesora del ETSIE, Rosa Domínguez, desgranó la trayectoria vital y artística de la bailaora Yolanda Lorenzo, una figura marcada por la constancia, la formación rigurosa y el amor profundo al flamenco. 

Nacida en Ámsterdam en el seno de una familia emigrante —con raíces en Alcalá de Guadaíra y Mairena del Alcor—,Yolanda Lorenzo creció entre el frío gris del norte de Europa y el calor sonoro de los discos de Manolo Caracol y Antonio Mairena que sonaban en casa. “Cara de tulipán no tengo”, bromeó la artista, recordando que, aunque no había antecedentes profesionales en su familia, el flamenco formaba parte del ambiente cotidiano. 

Yolanda Lorenzo y Rosa Domínguez, durante la entrevista

Desde muy pequeña mostró una vocación irrefrenable: improvisaba escenarios frente al espejo, se vestía de flamenca y recreaba coreografías al compás de “La niña de fuego”. Los veranos en Andalucía, coincidiendo con la feria de Alcalá, terminaron de sembrar una pasión que ya no tendría marcha atrás. 

De regreso definitivo a Sevilla con nueve años, comenzó su formación en el barrio del Cerro del Águila. Pronto destacó por su rapidez de aprendizaje, lo que la llevó a ingresar en la escuela de Matilde Coral, referente de la escuela sevillana de baile. Allí cursó la carrera de danza española —cuando aún no existía un conservatorio oficial en Sevilla— examinándose en Córdoba, el único centro homologado entonces.

 Su formación se amplió con maestros como Manolo Marín, Rafael “El Negro” y Farruco, consolidando una identidad artística claramente vinculada a la escuela sevillana: elegancia, colocación depurada, brazos formados, cabezas erguidas y el dominio de elementos como la bata de cola y el mantón.

 En 1987 dio el salto profesional al integrarse en la compañía de Salvador Távora, experiencia que marcaría un antes y un después en su carrera. Durante cinco años recorrió escenarios de América, Asia y Europa, participando en montajes de gran fuerza escénica y teatros repletos. “Fue una escuela de vida”, recordó, subrayando el aprendizaje teatral y la dimensión internacional que adquirió su arte. 

Otro hito llegó en 1992, cuando participó en la programación cultural vinculada a los Juegos Olímpicos de Barcelona, colaborando en un montaje que integraba la propuesta de Távora con la voz de Montserrat Caballé. 

Yolanda Lorenzo y Rosa Domínguez, durante la entrevista

En 1994 asumió uno de los retos más singulares de su carrera: interpretar el papel de Carmen en una producción internacional de la ópera de Georges Bizet. Elegida tras un casting promovido por su maestro Manolo Marín, Yolanda Lorenzo no solo actuó en Sevilla, sino que giró por Alemania con una orquesta de 120 músicos, consolidando su versatilidad escénica en el ámbito lírico. 

Tras años de giras intensas, decidió junto a su marido, el guitarrista Eduardo Rebollar, establecerse en Sevilla y apostar por la enseñanza. Comenzaron dando clases en una habitación adaptada en su propia casa hasta fundar su centro, Artes Escénicas Rebollar, convertido hoy en un espacio de referencia por el que han pasado alumnos de todo el mundo y del que han surgido nuevos artistas. 

Ambos también formaron parte del equipo docente inicial de la Fundación Cristina Heeren, junto a figuras como José de la Tomasa o Milagros Mengíbar, en los primeros pasos de una institución de gran trayectoria también, en la formación flamenca. 

Yolanda Lorenzo y Rosa Domínguez, durante la entrevista

    Entre sus proyectos más divulgativos destaca “Rutas del Flamenco”, espectáculo didáctico e interactivo que ha recorrido teatros y espacios internacionales —incluida la Exposición Universal de Aichi en Japón— acercando los compases y palos del flamenco a públicos de todas las edades. 

Sobre la evolución del baile, Yolanda Lorenzo defendió el flamenco como “arte vivo”, abierto a la innovación, aunque reafirmó su apego a los cánones clásicos de la escuela sevillana. “Hay cabida para todo”, afirmó, reivindicando el respeto hacia cualquier propuesta artística que implique esfuerzo, calidad artística y compromiso. 

En el plano personal, reconoció que su vida profesional y vital está profundamente ligada a la de su esposo, compañero de escenario y proyecto. Juntos han construido no solo una trayectoria artística, sino también una familia en la que la vocación creativa continúa: su hija menor sigue los pasos en el baile, mientras la mayor desarrolla su talento en la pintura y la literatura. 

La entrevista concluyó con una sensación compartida de plenitud: la de una artista que, tras décadas de escenarios, formación y enseñanza, se siente en “la mejor etapa”, con la experiencia acumulada y las ganas intactas de seguir creando.

Yolanda Lorenzo y Rosa Domínguez.


Terminada la conversación, llegó el silencio expectante que precede a la verdad del escenario. Subieron el guitarrista Eduardo Rebollar —marido y cómplice artístico—, el cantaor Edu Hidalgo y, marcando el compás, su hija, María Rebollar. 

Yolanda Lorenzo, María Rebollar, Edu Hidalgo y Eduardo Rebollar

Sin más anuncio que la primera llamada de la guitarra, Yolanda Lorenzo abrió por soleá.

Yolanda Lorenzo por Soleá

 Fue un baile reposado, de líneas limpias y hondura antigua, donde cada figura parecía cincelada en el aire. La elegancia no era un adorno, sino una forma de estar. En cada braceo asomaba la escuela sevillana, en cada desplante la serenidad de quien sabe medir el tiempo.



Tras la soleá, el protagonismo pasó al cante. Edu Hidalgo regaló unos tirntos/tangos que prendieron en el patio de butacas. Su voz, cada vez más madura y poderosa, sostuvo el quejío con firmeza, mientras la guitarra de Rebollar tejía falsetas vertiginosas, perfectamente acompasadas. No era un simple acompañamiento: era diálogo, respiración compartida, una unidad sonora que levantaba el ánimo del público.

Edu Hidalgo y Eduardo Rebollar


    La segunda salida de Yolanda fue por alegrías. Subió al escenario despacio, mientras el cante comenzaba a florecer. No hubo bata de cola ni mantón de Manila, pero no hicieron falta. La maestría se adivinaba en la postura, en la altivez de la mirada, en la forma de templar el espacio. Las alegrías, luminosas y vibrantes, terminaron por poner en pie a los asistentes, que respondieron con una ovación cerrada.


Yolanda Lorenzo, por Alegrías.


    La tarde concluyó entre aplausos y emoción contenida en la Universidad Pablo de Olavide. Después, en el Espacio Cultural del Entramado, sede de la peña, artistas, aficionados y socios prolongaron la velada en tertulia. Se habló de compás, de memoria, de maestros y discípulos. Se habló, en definitiva, de flamenco.

Edu Hidalgo, Eduardo Rebollar y Yolanda Lorenzo al finalizar la actuación

    Fue una de esas jornadas en las que el arte no solo se contempla: se comparte y se celebra. Y cuando las luces se apagaron del todo, quedó la certeza de haber asistido a algo más que un recital. Fue una afirmación de herencia y de presente, una tarde en la que el alma, como tantas veces ocurre en el flamenco, salió un poco más alta de lo que entró.

Y para finalizar. dar las gracias a mis compañeros Manolo González y José Manuel Díaz Ríos por ayudarme en todos los preparativos de este acto, acto que una vez más fue un extraordinario éxito.

También dar las gracias al fotógrafo alcalareño, Juan Miguel Guerrero, buen amigo, que esa tarde nos visitó y nos regaló también unas extraordinarias fotos, sobre todo en blanco y negro de los artistas en el camerino, sensacionales y que podéis ver en la galería de fotos al final de esta crónica.


 Francisco García Rey, presidente de La Peña

GALERÍA DE FOTOS: