lunes, 4 de febrero de 2019

María Vargas en el ciclo "Las mujeres como transmisoras del flamenco"

Un día desangelado, con lluvia y viento frío. Y María no venía en las mejores condiciones por culpa de unos problemas estomacales. Pero ahí estaba. Doña María Vargas, “Catedrática del cante gitano”, como la nombraron nada menos que en Jerez. Dando la talla, María Vargas, historia viva del flamenco, cordial, sencilla, simpatiquísima. La gente que vale es siempre sencilla en el trato, sin ínfulas. Ahí estaba, elegante, guapa, flamenca. Era ella. La señora María Vargas, con nosotros. Otro milagro. Sí, era un día desangelado. Pero había un ángel (¿qué digo un ángel?, ¡una diosa!) con nosotros.



En la entrevista, conducida por la periodista Ángeles Cruzado y el antropólogo Rafael Cáceres, María hizo apuntes de su vida, siempre digna de ser recordada. Nos habló de su dinastía flamenca, de su niñez cantando y bailando, de su padre, que fue un gran aficionado. De cómo  la empezaron a llamar, desde que la escucharon cantar saetas con 9 años. De aquellas fiestas de la Venta Vargas, de la convivencia de entonces entre los artistas. De La Sallago, Terremoto, Sordera, Gaspar de Utrera, La Perla, Caracol… 



Nos habló de los tablaos de antes, a los que iban verdaderos aficionados y entendidos del flamenco (lo de los turistas fue luego); del baile de antes, sin dar saltos, en una loseta. De los festivales, en los que fue reina. De su vida en Madrid, adonde emigró, como tantos artistas. Del paréntesis que tuvo que hacer en su carrera artística. De los discos y de los cambios en las formas de grabación, más directas antes. De los grandes guitarristas que la acompañaron, como Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Melchor de Marchena, los Moraos…  Nos habló de sus gustos musicales aparte del flamenco, de los jóvenes que están asomando con calidad, de su faceta de letrista. Y de cómo todo lo vivido la hace cantar hoy con más conocimiento. Luego, lo demostró.


Cantó por soleares, por cantiñas, seguiriyas, fandangazos y bulerías. Con la guitarra sabia y sensible, de excepcional sonoridad, de Kaveh Nassehi, aunque también subieron Calixto Lee, para acompañar las cantiñas y las seguiriyas, y el joven Juan Anguita, (¡pedazo de socio de la Peña!) para las bulerías. 



La voz de María es verdad. Dice el cante desde las tripas, lo mueve desde el corazón, se entrega en cuerpo y alma. Hace el cante con todo el cuerpo. Impresionante verdad. Además nos cuenta la historia del flamenco: con ella veíamos a Antonio Mairena, a Manolo Caracol, a La Perla, a su padre, a Juan Talega, a Camarón… Y la salada claridad de Cádiz, el mar gitano de los Puertos… y Jerez. Gloriosa, doña María Vargas. 




Los asistentes, que llenábamos el salón de actos del CABD, hemos tenido el privilegio de escucharla cantar y hablar. Escribo esto dos días después; como ocurre con todo lo bueno, el poso que deja esta experiencia es más rico con el paso de los días. Gracias de corazón, señora María Vargas, por tu arte, tu sabiduría, tu sencillez, tu verdad, tu honestidad, tu cariño, tu generosidad, tu flamencura.



Vino después la fiestecita, en el local de El Entramado, donde tenemos la Peña. María tenía previsto asistir, pero no pudo por los problemas de salud mencionados. La fiestecita siempre completa cada actividad. La generosidad de mucha gente de la Peña permite que en ese rato podamos picar, lo que sienta fenomenal y pone las bases para echar un buen rato. El local está recién reformado, gracias al esfuerzo del Vicerrectorado de Cultura y Compromiso Social y a su área de Extensión Cultural. Como siempre, dos mil temas de conversación en un ambiente relajado y amistoso: desde el local tras la reforma hasta la experiencia del día, pasando por discusiones de profunda flamencología… 


Cuando acabamos con la copiosa comida, salió la guitarra ¡de manos de un niño! Y el cante de Calixto Lee, que es de Taiwán y toca, canta y baila. La cosa se fue animando, y hubo una ronda por tangos en la que no poca gente cantó. También el niño se marcó sus cantes, con Juan a la guitarra, y con muchísimo arte. Debo decir que esto me emociona especialmente. Que en una peña, que suele ser territorio de quienes peinamos canas, haya protagonismo de jóvenes, es una bocanada de aire fresco y de esperanza. Ole y ole por sus padres. 



Enorme alegría fue también el reencuentro con socios como Dani el vasco o Juan de Utrera. Gracias especiales a Manolo de Triana, Paco, Mibri, Kaveh, Ángeles, Rafael, y por supuesto a Christian (becario de Extensión Cultural), que hicieron posible esto, sin olvidar a la gente que trajo comida. Geniales también Elodia, José María, Salvador (¡ole esas flores!), Concha, gente de la Peña de Tomares, de La Fragua de Bellavista, y Estela, Ángeles, Isa, Rocío, las tres Beas, Chari, y hasta Lola, mi prima Maricarmen, mi cuñá Yolanda, y tanta gente cuyos nombres nunca aprenderé. Y gracias, con todas las mayúsculas del mundo, a nuestra querida, por siempre, María Vargas. ¡Estamos deseando verla otra vez!



El próximo en visitarnos, el 8 de marzo, será nada menos que Rubito hijo. Porque el flamenco es muy grande y muy rico.
Fernando C. Ruiz Morales
Presidente de la Peña

viernes, 21 de diciembre de 2018

Visita a las zambombas de Jerez

Dado el éxito que tuvo la actividad el curso pasado, este año no hemos dudado en repetir la visita a Jerez de la Frontera, para disfrutar de las tradicionales zambombas, que se han convertido en una cita obligada cada mes de diciembre.
La temperatura, no demasiado fresca para la época, y el buen ambiente que inundaba las calles, cada vez más concurridas a medida que avanzaba la jornada, invitaban al disfrute.
La gran afluencia de personas en todos los lugares complicaba la circulación de grupos numerosos, así que optamos por dividirnos en pequeñas reuniones, lo cual no nos impidió pasar un día maravilloso. Aquí os dejamos algunas imágenes de las zambombas que visitamos.

Zambomba del Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón:









Zambomba del Palacio del Virrey Laserna:




Zambomba conmemorativa de la declaración de la zambomba como Bien de Interés Cultural, organizada por el Instituto Andaluz del Flamenco y los Ayuntamientos de Jerez y Arcos en el patio de los Museos de la Atalaya:





Zambomba en la Plaza de la Asunción:



Ángeles Cruzado Rodríguez
Vocal de Comunicación

martes, 4 de diciembre de 2018

Presentación del libro 'Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca'

El pasado viernes 30 de noviembre celebramos en los salones del Entramado la presentación del libro Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca, escrito por los profesores de Antropología de la Universidad Pablo de Olavide, Fernando C. Ruiz Morales y Rafael Cáceres Feria. Ambos son socios de la Peña Flamenca de esta Universidad y ocupan los cargos de Presidente y Vocal de la misma respectivamente.


La presentación estuvo guiada de una manera magistral por nuestra compañera Ángeles Cruzado, socia también de esta Peña y doctora en Comunicación, que es la autora del prólogo de dicha obra.
Ángeles supo introducirnos, desde el minuto uno, en el universo que el libro describe y creó la atmósfera que un acto como éste requería. Muestra de ello fue la naturalidad, la confianza y el ambiente relajado en el que se manejaron nuestros protagonistas.


Nos acompañaba en dicha presentación la propia Pepa Vargas, protagonista del libro, junto con su marido, el cantaor Curro Fernández y su hija, la cantaora Esperanza Fernández, dos auténticas figuras de este arte. También estuvo con nosotros, por parte de la editorial Athenaica, editora del libro, Sergio Rojas-Marcos. Entre el numeroso público asistente que llenaba el salón se encontraban el bailaor Juanma Zurano y varias alumnas de esta Universidad.


Comenzó Ángeles introduciéndonos en las entrañas del libro y preguntando directamente a sus autores sobre los motivos que les llevaron a iniciar esta aventura. Fernando dio a conocer cómo surgió el tema, después de unas primeras conversaciones que tuvieron con la protagonista, tras una entrevista a la misma y a su hija Esperanza, dentro del Ciclo "Las mujeres como transmisoras del flamenco”, que esta Peña celebra en la Universidad desde hace algunos años. Rafael nos contó, a su vez, cómo esa primera toma de contacto llevó a este maravilloso trabajo, cuyo final feliz ha sido la salida a la luz de esta obra.


Durante dos años, los autores estuvieron visitando el domicilio de Pepa y, mediante entrevistas, fueron perfilando esta historia de vida. Esos contactos continuados fueron acercando cada vez más a Pepa y su familia a nuestros autores, llegando a establecer unos lazos afectivos que permitieron que Pepa les abriera su corazón y sacara multitud de cosas que guardaba en sus “adentros” y que sorprendieron no sólo a ella, sino también a su propio marido y a su familia una vez que estos leyeron el libro. 



Pepa Vargas no es una “primera figura” del flamenco; es una mujer gitana, ama de casa, esposa y madre de artistas, que creció rodeada del flamenco por todos lados. Por eso, su historia es también una parte de la historia de este arte y, sobre todo, de una época (la segunda mitad del siglo XX) de vital importancia para dicho género.

Ella nos contó en primera persona cómo, en plena madurez, se convirtió en artista, cuando pasó a formar parte del grupo “Familia Fernández”. Esa ama de casa, madre y esposa, cumplió de la noche a la mañana su sueño de subirse a un escenario y recorrer medio mundo con su familia; aunque ella misma reconoce que nunca abandonó ese papel de madre.


Su marido, Curro Fernández, ha sido uno de los primeros “sorprendidos” al leer el libro, ya que en él ha descubierto cosas de su mujer que nunca había conocido y otras que ya no recordaba. Él, enorme artista, esta vez ha estado entre las bambalinas y ha cedido el protagonismo a su esposa, a la Pepa artista, dándole el espacio para que ella sacara todo lo que guardaba en su interior.

Su hija, Esperanza Fernández, se mostró orgullosísima de su madre, mujer a la que calificó como una persona de una fortaleza increíble, de un tesón y un espíritu luchador a prueba de fuego, de una gran artista, pero sobre todo de una gran madre, la mejor que se puede tener y a la que definió como el espejo en el que ella se mira.


Pepa Vargas contó anécdotas de esa vida en primerísima persona. A través de ella se puede vislumbrar parte de la historia del flamenco porque, como bien dice el título del libro, son memorias de una “mujer flamenca”; y es que aquí ese género no sólo se convierte en un arte en sí mismo, sino también en un modo, un estilo de vida que ocupa las veinticuatro horas del día. Ella es “flamenca” desde que se levanta hasta que se acuesta. Su manera de arreglarse, su manera de vestir, su manera de hablar, despacito, con una elegancia y una solemnidad que embrujan.... Así es ella, ni más ni menos que una “flamenca”.


Hay que felicitar a los profesores Fernando C. y Rafael, por haber sabido trasladar esas vivencias de Pepa a este libro de una manera tan cercana, tan humana, tan sencilla y tan sublime, porque el libro derrocha también FLAMENCO por los cuatro costados. Han hurgado en el corazón de Pepa y su familia para transmitirnos una parte importante de la historia de este arte y de la historia de nuestra Baja Andalucía. Un gran trabajo de años que han sabido plasmar a las mil maravillas. Es un orgullo contar con ellos en esta Peña.


Y sin más, el acto, que se hizo cortísimo,  terminó entre aplausos, pues todo lo que allí se habló captó la atención de los asistentes desde un primer momento. Y, cómo no, después del mismo tuvimos una convivencia entre el público y todos los protagonistas de este libro, con una cerveza en la mano y buenas viandas que nuestros socios y socias aportan, en especial nuestras socias utreranas, Isabel y Mª Ángeles, que siempre se esmeran en ello. Gracias también a Manolo González, Manolo García y Jose M., que siempre ponen de su parte para que cada actividad se convierta en una experiencia inolvidable.
Francisco Gª. Rey
Tesorero de la Peña

domingo, 18 de noviembre de 2018

Actuación de Soraya Clavijo y Joselito Fernández

El pasado viernes 16 de noviembre retomamos la actividad en nuestra Peña con un evento muy especial. Nos visitaban Soraya Clavijo y Joselito Fernández, dos extraordinarios bailaores, cada uno en su estilo, dispuestos a regalarnos una imagen inédita, pues era la primera vez que el CABD acogía un espectáculo como éste. 


Por sus tablas han pasado cantaores, bailaores y guitarristas de muy diverso tipo, pero nunca antes habíamos podido contemplar en una misma noche dos estéticas tan distintas, el baile de hombre y el de mujer, aunados, en este caso, por el cante añejo y lleno de sabor gaditano de Juan Villar hijo y el vibrante toque de nuestro socio y amigo Alberto López.


Presentó el acto nuestro Presidente, Fernando Carlos Ruiz Morales, quien hizo inevitable referencia a la efeméride que se conmemoraba, la inscripción del Flamenco en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, si bien resaltó que, para quienes tanto amamos y trabajamos en pro de este arte, el año tiene 365 “Días del Flamenco”.


Como es habitual en todas nuestras actividades, antes de disfrutar de su actuación, quisimos compartir un ratito de charla con nuestros invitados, para conocerlos un poco mejor como personas y como artistas. En una amena conversación a tres bandas, guiada por Fernando, Soraya y Joselito nos dejaron interesantes testimonios sobre sus inicios en el mundo del baile, sus respectivas carreras profesionales, su trabajo como docentes y su visión del arte jondo en el momento actual.


Los dos han vivido desde siempre el flamenco con mucha naturalidad, aunque en contextos familiares muy distintos. Ella nació y se crió en Jerez, donde se respira este arte en cada rincón, y en casa veía a su padre hacer compás mientras escuchaba a sus cantaores favoritos. Sin embargo, cuando decidió ser artista no contó con el apoyo de los suyos, porque “eso no era bonito para una mujer”.


Joselito, en cambio, nació en una familia de artistas -la Familia Fernández- que, desde muy niño, lo motivaron a seguir por la senda del baile. Nos sacó a todos una sonrisa al recordar a su primer maestro, Pepe Ríos, que exigía a sus alumnos una gran disciplina e incluso les daba con una varita en los pies cuando veía que se quedaban parados.


Soraya tuvo palabras de elogio y reconocimiento para “La Toná”, la maestra que, a su llegada a Sevilla, en los años noventa, la enseñó a presentarse sobre un escenario, perfectamente vestida y arreglada, pues el arte y la naturalidad también requieren de una buena puesta en escena.


Cuando se les preguntó por los escenarios en los que han actuado, Joselito confesó sentirse más a gusto sobre las tablas de un teatro, pues es donde se ha criado; mientras que Soraya nos ilustró sobre las diferencias existentes entre los tablaos de la Costa del Sol, muy orientados al turismo, en los que se hace un flamenco “de bandeja”, y los de Sevilla, donde se ofrecen espectáculos de calidad.




Nos resultó especialmente interesante conocer su visión sobre el estado actual del flamenco, que la jerezana resumió con un símil de lo más ilustrativo: El flamenco está como la vida, existe un exceso de información y de técnica. Tenemos televisores modernísimos, con infinidad de canales pero, entre tanto brillo y colorido, nos perdemos lo esencial, mientras que antes, una tele en blanco y negro, con sólo dos canales, nos transmitía lo suficiente. Ya está todo dicho.


También nos hablaron sobre su labor como docentes. Soraya, que tiene mucha experiencia en ese campo, declaró haberse vuelto menos dura con los años. Su alumnado es de lo más variopinto, desde personas cuya única motivación es pasar un buen rato bailando flamenco hasta profesionales que buscan reciclarse o bien incorporar nuevas formas de expresión. 


Joselito, en cambio, lleva poco tiempo enseñando, porque su intensa actividad de hace unos años no se lo permitía. Sin embargo, declaró sentirse muy a gusto en esta nueva faceta profesional, que le ha llegado en el momento justo, cuando dispone de la experiencia y la calma necesarias para transmitir su legado artístico a otras personas.




También nos hablaron de sus hijos. Aunque se están criando en un ambiente cien por cien flamenco, el mayor -al menos, de momento- parece sentirse más atraído por otras músicas, mientras que el pequeño sí apunta maneras de bailaor en potencia. 



Por último, en lo que respecta a los niños andaluces en general y su acercamiento a este arte, Soraya se mostró optimista pues, en su opinión, el flamenco les gustará más o menos, pero saben distinguir lo que es flamenco y lo que no.



Después de esta amena e interesante conversación, llegó el momento más esperado de la noche. Juan Villar se arrancó por alegrías, magistralmente acompañado por la sonanta de Alberto López, y Joselito puso el compás. 



Soraya caminó hasta el centro del tablao enfundada en su bata de cola blanca y no pudimos evitar que nos viniera a la mente la imagen de Luisa Palicio, sobre ese mismo escenario, con un atuendo similar, bailando también por Cai… Pero fue cuestión de un segundo, porque, a pesar de las coincidencias estéticas, se trata de dos bailaoras y dos estilos completamente diferentes, cada una con su propia personalidad. Ambas nos hicieron gozar mucho, eso sí, y ésa es una de las cosas maravillosas que tiene el flamenco, su gran diversidad.




La jerezana nos regaló una serie de imágenes de gran belleza plástica y sabor añejo, que nos transportaron hasta épocas pretéritas y nos hicieron evocar ese baile de cintura para arriba, de brazos redondeados y siempre dentro de su eje, manos hermosísimas y evocadores gestos faciales. ¡Cuánto sentimiento! ¡Qué manera de transmitir!



Después de un solo de Alberto por bulerías, con Juan marcando el compás sobre la mesa, llegó el turno de Joselito. El menor de la Familia Fernández bailó por soleá, con un estilo flamenquísimo, y también nos dejó para el recuerdo imágenes de las que ya casi no se ven. De la solemnidad de la soleá pasó a la bulería, en la que derrochó compás y su mijita de guasa.



El segundo baile de Soraya fue un taranto rematado por tangos, en el que volvió a demostrar su extraordinaria calidad. De nuevo nos regaló hermosas estampas, con espléndida colocación, impecable técnica de pies y flamenquería a raudales.


Como colofón, tras unas letras por bulerías en las que Juan y Alberto volvieron a derrochar soniquete, Joselito y Soraya se marcaron una pataíta que nos dejó muy buen sabor de boca.


La fiesta continuó, como siempre, en el local de la peña, con excelentes viandas aportadas por los socios y animada conversación. La próxima cita, el próximo 30 de noviembre, será la presentación del libro Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca, de Rafael Cáceres Feria y Fernando C. Ruiz Morales.

Ángeles Cruzado Rodríguez
Vocal de Comunicación de la Peña