martes, 4 de diciembre de 2018

Presentación del libro 'Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca'

El pasado viernes 30 de noviembre celebramos en los salones del Entramado la presentación del libro Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca, escrito por los profesores de Antropología de la Universidad Pablo de Olavide, Fernando C. Ruiz Morales y Rafael Cáceres Feria. Ambos son socios de la Peña Flamenca de esta Universidad y ocupan los cargos de Presidente y Vocal de la misma respectivamente.


La presentación estuvo guiada de una manera magistral por nuestra compañera Ángeles Cruzado, socia también de esta Peña y doctora en Comunicación, que es la autora del prólogo de dicha obra.
Ángeles supo introducirnos, desde el minuto uno, en el universo que el libro describe y creó la atmósfera que un acto como éste requería. Muestra de ello fue la naturalidad, la confianza y el ambiente relajado en el que se manejaron nuestros protagonistas.


Nos acompañaba en dicha presentación la propia Pepa Vargas, protagonista del libro, junto con su marido, el cantaor Curro Fernández y su hija, la cantaora Esperanza Fernández, dos auténticas figuras de este arte. También estuvo con nosotros, por parte de la editorial Athenaica, editora del libro, Sergio Rojas-Marcos. Entre el numeroso público asistente que llenaba el salón se encontraban el bailaor Juanma Zurano y varias alumnas de esta Universidad.


Comenzó Ángeles introduciéndonos en las entrañas del libro y preguntando directamente a sus autores sobre los motivos que les llevaron a iniciar esta aventura. Fernando dio a conocer cómo surgió el tema, después de unas primeras conversaciones que tuvieron con la protagonista, tras una entrevista a la misma y a su hija Esperanza, dentro del Ciclo "Las mujeres como transmisoras del flamenco”, que esta Peña celebra en la Universidad desde hace algunos años. Rafael nos contó, a su vez, cómo esa primera toma de contacto llevó a este maravilloso trabajo, cuyo final feliz ha sido la salida a la luz de esta obra.


Durante dos años, los autores estuvieron visitando el domicilio de Pepa y, mediante entrevistas, fueron perfilando esta historia de vida. Esos contactos continuados fueron acercando cada vez más a Pepa y su familia a nuestros autores, llegando a establecer unos lazos afectivos que permitieron que Pepa les abriera su corazón y sacara multitud de cosas que guardaba en sus “adentros” y que sorprendieron no sólo a ella, sino también a su propio marido y a su familia una vez que estos leyeron el libro. 



Pepa Vargas no es una “primera figura” del flamenco; es una mujer gitana, ama de casa, esposa y madre de artistas, que creció rodeada del flamenco por todos lados. Por eso, su historia es también una parte de la historia de este arte y, sobre todo, de una época (la segunda mitad del siglo XX) de vital importancia para dicho género.

Ella nos contó en primera persona cómo, en plena madurez, se convirtió en artista, cuando pasó a formar parte del grupo “Familia Fernández”. Esa ama de casa, madre y esposa, cumplió de la noche a la mañana su sueño de subirse a un escenario y recorrer medio mundo con su familia; aunque ella misma reconoce que nunca abandonó ese papel de madre.


Su marido, Curro Fernández, ha sido uno de los primeros “sorprendidos” al leer el libro, ya que en él ha descubierto cosas de su mujer que nunca había conocido y otras que ya no recordaba. Él, enorme artista, esta vez ha estado entre las bambalinas y ha cedido el protagonismo a su esposa, a la Pepa artista, dándole el espacio para que ella sacara todo lo que guardaba en su interior.

Su hija, Esperanza Fernández, se mostró orgullosísima de su madre, mujer a la que calificó como una persona de una fortaleza increíble, de un tesón y un espíritu luchador a prueba de fuego, de una gran artista, pero sobre todo de una gran madre, la mejor que se puede tener y a la que definió como el espejo en el que ella se mira.


Pepa Vargas contó anécdotas de esa vida en primerísima persona. A través de ella se puede vislumbrar parte de la historia del flamenco porque, como bien dice el título del libro, son memorias de una “mujer flamenca”; y es que aquí ese género no sólo se convierte en un arte en sí mismo, sino también en un modo, un estilo de vida que ocupa las veinticuatro horas del día. Ella es “flamenca” desde que se levanta hasta que se acuesta. Su manera de arreglarse, su manera de vestir, su manera de hablar, despacito, con una elegancia y una solemnidad que embrujan.... Así es ella, ni más ni menos que una “flamenca”.


Hay que felicitar a los profesores Fernando C. y Rafael, por haber sabido trasladar esas vivencias de Pepa a este libro de una manera tan cercana, tan humana, tan sencilla y tan sublime, porque el libro derrocha también FLAMENCO por los cuatro costados. Han hurgado en el corazón de Pepa y su familia para transmitirnos una parte importante de la historia de este arte y de la historia de nuestra Baja Andalucía. Un gran trabajo de años que han sabido plasmar a las mil maravillas. Es un orgullo contar con ellos en esta Peña.


Y sin más, el acto, que se hizo cortísimo,  terminó entre aplausos, pues todo lo que allí se habló captó la atención de los asistentes desde un primer momento. Y, cómo no, después del mismo tuvimos una convivencia entre el público y todos los protagonistas de este libro, con una cerveza en la mano y buenas viandas que nuestros socios y socias aportan, en especial nuestras socias utreranas, Isabel y Mª Ángeles, que siempre se esmeran en ello. Gracias también a Manolo González, Manolo García y Jose M., que siempre ponen de su parte para que cada actividad se convierta en una experiencia inolvidable.
Francisco Gª. Rey
Tesorero de la Peña

domingo, 18 de noviembre de 2018

Actuación de Soraya Clavijo y Joselito Fernández

El pasado viernes 16 de noviembre retomamos la actividad en nuestra Peña con un evento muy especial. Nos visitaban Soraya Clavijo y Joselito Fernández, dos extraordinarios bailaores, cada uno en su estilo, dispuestos a regalarnos una imagen inédita, pues era la primera vez que el CABD acogía un espectáculo como éste. 


Por sus tablas han pasado cantaores, bailaores y guitarristas de muy diverso tipo, pero nunca antes habíamos podido contemplar en una misma noche dos estéticas tan distintas, el baile de hombre y el de mujer, aunados, en este caso, por el cante añejo y lleno de sabor gaditano de Juan Villar hijo y el vibrante toque de nuestro socio y amigo Alberto López.


Presentó el acto nuestro Presidente, Fernando Carlos Ruiz Morales, quien hizo inevitable referencia a la efeméride que se conmemoraba, la inscripción del Flamenco en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, si bien resaltó que, para quienes tanto amamos y trabajamos en pro de este arte, el año tiene 365 “Días del Flamenco”.


Como es habitual en todas nuestras actividades, antes de disfrutar de su actuación, quisimos compartir un ratito de charla con nuestros invitados, para conocerlos un poco mejor como personas y como artistas. En una amena conversación a tres bandas, guiada por Fernando, Soraya y Joselito nos dejaron interesantes testimonios sobre sus inicios en el mundo del baile, sus respectivas carreras profesionales, su trabajo como docentes y su visión del arte jondo en el momento actual.


Los dos han vivido desde siempre el flamenco con mucha naturalidad, aunque en contextos familiares muy distintos. Ella nació y se crió en Jerez, donde se respira este arte en cada rincón, y en casa veía a su padre hacer compás mientras escuchaba a sus cantaores favoritos. Sin embargo, cuando decidió ser artista no contó con el apoyo de los suyos, porque “eso no era bonito para una mujer”.


Joselito, en cambio, nació en una familia de artistas -la Familia Fernández- que, desde muy niño, lo motivaron a seguir por la senda del baile. Nos sacó a todos una sonrisa al recordar a su primer maestro, Pepe Ríos, que exigía a sus alumnos una gran disciplina e incluso les daba con una varita en los pies cuando veía que se quedaban parados.


Soraya tuvo palabras de elogio y reconocimiento para “La Toná”, la maestra que, a su llegada a Sevilla, en los años noventa, la enseñó a presentarse sobre un escenario, perfectamente vestida y arreglada, pues el arte y la naturalidad también requieren de una buena puesta en escena.


Cuando se les preguntó por los escenarios en los que han actuado, Joselito confesó sentirse más a gusto sobre las tablas de un teatro, pues es donde se ha criado; mientras que Soraya nos ilustró sobre las diferencias existentes entre los tablaos de la Costa del Sol, muy orientados al turismo, en los que se hace un flamenco “de bandeja”, y los de Sevilla, donde se ofrecen espectáculos de calidad.




Nos resultó especialmente interesante conocer su visión sobre el estado actual del flamenco, que la jerezana resumió con un símil de lo más ilustrativo: El flamenco está como la vida, existe un exceso de información y de técnica. Tenemos televisores modernísimos, con infinidad de canales pero, entre tanto brillo y colorido, nos perdemos lo esencial, mientras que antes, una tele en blanco y negro, con sólo dos canales, nos transmitía lo suficiente. Ya está todo dicho.


También nos hablaron sobre su labor como docentes. Soraya, que tiene mucha experiencia en ese campo, declaró haberse vuelto menos dura con los años. Su alumnado es de lo más variopinto, desde personas cuya única motivación es pasar un buen rato bailando flamenco hasta profesionales que buscan reciclarse o bien incorporar nuevas formas de expresión. 


Joselito, en cambio, lleva poco tiempo enseñando, porque su intensa actividad de hace unos años no se lo permitía. Sin embargo, declaró sentirse muy a gusto en esta nueva faceta profesional, que le ha llegado en el momento justo, cuando dispone de la experiencia y la calma necesarias para transmitir su legado artístico a otras personas.




También nos hablaron de sus hijos. Aunque se están criando en un ambiente cien por cien flamenco, el mayor -al menos, de momento- parece sentirse más atraído por otras músicas, mientras que el pequeño sí apunta maneras de bailaor en potencia. 



Por último, en lo que respecta a los niños andaluces en general y su acercamiento a este arte, Soraya se mostró optimista pues, en su opinión, el flamenco les gustará más o menos, pero saben distinguir lo que es flamenco y lo que no.



Después de esta amena e interesante conversación, llegó el momento más esperado de la noche. Juan Villar se arrancó por alegrías, magistralmente acompañado por la sonanta de Alberto López, y Joselito puso el compás. 



Soraya caminó hasta el centro del tablao enfundada en su bata de cola blanca y no pudimos evitar que nos viniera a la mente la imagen de Luisa Palicio, sobre ese mismo escenario, con un atuendo similar, bailando también por Cai… Pero fue cuestión de un segundo, porque, a pesar de las coincidencias estéticas, se trata de dos bailaoras y dos estilos completamente diferentes, cada una con su propia personalidad. Ambas nos hicieron gozar mucho, eso sí, y ésa es una de las cosas maravillosas que tiene el flamenco, su gran diversidad.




La jerezana nos regaló una serie de imágenes de gran belleza plástica y sabor añejo, que nos transportaron hasta épocas pretéritas y nos hicieron evocar ese baile de cintura para arriba, de brazos redondeados y siempre dentro de su eje, manos hermosísimas y evocadores gestos faciales. ¡Cuánto sentimiento! ¡Qué manera de transmitir!



Después de un solo de Alberto por bulerías, con Juan marcando el compás sobre la mesa, llegó el turno de Joselito. El menor de la Familia Fernández bailó por soleá, con un estilo flamenquísimo, y también nos dejó para el recuerdo imágenes de las que ya casi no se ven. De la solemnidad de la soleá pasó a la bulería, en la que derrochó compás y su mijita de guasa.



El segundo baile de Soraya fue un taranto rematado por tangos, en el que volvió a demostrar su extraordinaria calidad. De nuevo nos regaló hermosas estampas, con espléndida colocación, impecable técnica de pies y flamenquería a raudales.


Como colofón, tras unas letras por bulerías en las que Juan y Alberto volvieron a derrochar soniquete, Joselito y Soraya se marcaron una pataíta que nos dejó muy buen sabor de boca.


La fiesta continuó, como siempre, en el local de la peña, con excelentes viandas aportadas por los socios y animada conversación. La próxima cita, el próximo 30 de noviembre, será la presentación del libro Pepa Vargas. Memoria de una mujer flamenca, de Rafael Cáceres Feria y Fernando C. Ruiz Morales.

Ángeles Cruzado Rodríguez
Vocal de Comunicación de la Peña

sábado, 17 de noviembre de 2018

Conferencia en el I.E.S. Marismas para celebrar el Día del Flamenco

Dentro de los diversos actos que conmemoran el Día Internacional del Flamenco, la Peña de la Universidad Pablo de Olavide colaboró en los que organizaba el I.E.S. Marismas de la localidad sevillana de Los Palacios y Villafranca. 


Allí se desplazaron dos de nuestros socios y miembros de la Junta Directiva: Rafael Cáceres, profesor de Antropología Social de esta Universidad, con varios libros sobre flamenco en el mercado, y Paco Rey, tesorero de la peña, estudioso y aficionado a la guitarra flamenca.


El acto estaba organizado por profesoras de historia de ese instituto, con una gran sensibilidad hacia el arte jondo y con la intención, no sólo de “celebrar” el Día Internacional del Flamenco, sino de aprovechar la ocasión para acercar y dar a conocer algunos de los pormenores que rodean a este arte nuestro tan universal.


Se trataba de una conferencia sobre el flamenco, de unos 45 minutos, dirigida al alumnado los dos cursos de 3º de la ESO. Rafael comenzó hablando sobre los orígenes de este arte, sobre su mestizaje cultural y su recorrido temporal, y se detuvo comentando sus raíces populares y sus aspectos sociales. 


Pasó después a contar cómo se incorpora al flamenco la guitarra, su instrumento principal, de origen popular, que evoluciona tanto en su construcción como en lo que se refiere al “toque”. 


Aprovechó entonces para comentar distintos aspectos de sus investigaciones recogidas en el libro Historia cultural del Flamenco. El barbero y la guitarra. Nos habló de esos primeros guitarristas barberos, de su peculiar manera de tocar y de su influencia en la posterior configuración del toque flamenco.


Durante la disertación sobre la guitarra, se incorporó Paco, que habló sobre la evolución de este instrumento desde el siglo XVI hasta lo que hoy conocemos como guitarra española (tanto la clásica, como la flamenca), de los materiales que la conforman, de sus características físicas más notables, y de sus peculiares sonidos y formas de tocar.


Además, con una guitarra, Paco hizo demostraciones del “toque a lo barbero”, de los primeros toques característicos de la guitarra flamenca y de cómo ésta se nutre de algunas técnicas de la música culta de la época. 


También demostró que la guitarra flamenca es la que incorpora un mayor número de técnicas de toque y enseñó algunas de las técnicas más habituales en el flamenco, como rasgueados, alzapúas, arpegios, trémolos, etc.


En resumen, se trataba de dar unos ligeros conocimientos sobre este arte, ya que, en tan escaso tiempo, poco más se podía hacer, porque se acercaba el recreo y nos advirtieron que el sonido de la sirena traería consigo el zafarrancho general.


Ésta ha sido una grata experiencia más para nuestra peña, en la que hemos constatado varios aspectos dignos de mención, como la gran labor, escondida y silenciosa, de muchos profesores y profesoras de toda nuestra geografía para que el flamenco tenga presencia en las aulas andaluzas, aunque sólo sea la “increíble” cantidad de un día al año. 


No se puede comprender cómo este patrimonio no aparece en ninguna etapa de la educación en nuestra comunidad autónoma; es más, se palpa que estas generaciones tienen un enorme desconocimiento de su propia cultura (no puede gustar lo que no se conoce) y se distancian cada vez más de ella. Me sorprende que se asombren con algo que, por lo menos, les debería resultar más familiar.


Siempre ha sido una máxima en nuestra peña fomentar y luchar por la presencia del flamenco en nuestras aulas, por su difusión y puesta en valor en todos los centros de enseñanza de Andalucía. 


Quisiera dar las gracias a estos profesores tan desinteresados como nosotros, porque es nuestra manera de arrimar el hombro para que el flamenco vaya ocupando el sitio que merece en nuestra comunidad; y agradecerles también su atención, su amabilidad y los detalles que tuvieron con los conferenciantes, un precioso ramo de flores y, cómo no, una apreciada botella de uno de los manjares típicos de la localidad, el mistela.

Francisco Gª Rey
Tesorero de la Peña